Emprendimos el viaje el viernes a las 16:00 cargados hasta los topes de ilusión, comida y alcohol. Sujeto 2 y yo esbozábamos una sonrisa de placidez ante lo que preveíamos nos iba a deparar un fin de semana de convivencia, amistad y excesos. El primer brochazo de humor lo arreó el (en otras ocasiones) bueno de Sujeto 3, al rozar la inducción de una embolia en mi persona cuando dijo que no tenían coche hasta el día siguiente y que no llegaban al paintball. Tras unos insultos amigables al descubrirse la broma, todo quedó en que llegarían a ultimísima hora del viernes; más bien sobre las 23:00.
Ya en camino en el coche de Sujeto 4 tras el trasvase de personas, avituallamientos y mochilas, mientras ilustraba a mis compañeros de coche y sin embargo amigos con un comentario técnico sobre los sistemas de contención de desprendimientos (llamados coloquialmente por Sujeto 5 "esos palos que están puestos ahí"), nos despistamos, y cuando vimos un cartel que informaba que estábamos a 10 km de una ciudad de la que no íbamos a acercarnos más de 30 km, astutamente nos dimos cuenta de que era el momento de volver sobre nuestros pasos. Finalmente localizamos el desvío, si bien nos dimos unas palmaditas en la espalda porque la ruta que teníamos llamaba a la carretera con la denominación antigua, por lo que aun estando atentos, probablemente habríamos pasado de largo. Después de 4 km de ensueño para amantes de la conducción agresiva, adoradores de Lobato y lunáticos en general, llegamos al bar "Garage" (nótese que está grafiado en el idioma anglosajón, negando el extendido tópico de que los pueblecitos están llenos de gente introvertida y cerrada al exterior). Llegó el momento de ponerse en contacto con la propietaria de la casa, que resultó ser una simpática sesentona con una grave tara de gangosismo agudo, por otra parte celebrada con carcajadas por Sujeto 2, Sujeto 5 y yo al ver los esfuerzos que tenía que hacer Sujeto 4 por entender la ubicación de la casa rural con el alegre gorgeo de la señora. Al poco, las indicaciones que había logrado descifrar fueron puestas en duda por todos nosotros cuando vimos el vial por el que tuvo que regatear el coche, bordeando precipicios y aviesas rocas. Por suerte, llegamos a buen puerto, comprobando que la señora gangosa era perfectamente entendible para un oído entrenado en sonidos guturales.
Nada más comenzar a desempaquetar las compras, recibí dos llamadas que condicionaron el rumbo de los acontecimientos de la despedida:
- la primera de ellas fue realizada por la muchacha del espectáculo erótico que habíamos considerado apropiado para culminar el fin de semana. Fijamos la hora para el día siguiente y el lugar de encuentro, lo que fue rematado por ella con un 'gracias cariño y besos' que me dejó el rostro desdibujado por unos momentos.
- la segunda llamada, realizada por los camaradas metropolitanos, informaba de que habían recorrido 87 km en dos horas, poniendo en evidencia la fluidez del tráfico en la salida de las grandes ciudades de ese estado que se llama España. La hora estimada de llegada hubo de retrasarse respecto al horario intermedio previsto por la organización.
La espera fue pasada relativamente bien gracias a unos cuantos paquetes de matutano's bien regados por unos litros de sangría on the rocks. Llegó el momento de la wii, en el que se rozó la tragedia al haber dejado olvidado el receptor de infrarrojos. A dios gracias que Sujeto 4, hábil de reflejos y tuteando las leyes de la termodinámica, fue capaz de sustituir la avanzada tecnología japonesa por un mechero. Con dos cojones.
Poco más que destacar de esa primera noche, en la que tras el efusivo reencuentro con Sujeto 1 y Sujeto 3 bordeando la 1 de la mañana (un inocente malentendido por las indicaciones kilométricas que les había facilitado hizo que se acordasen de mi madre), dimos buena cuenta de la sangría restante, pinchos morunos y hamburguesas, tras lo cuál y después de tomar unos cuantos cubatas y varias partidas al wii sports, decidimos dar por concluida la primera jornada.
El sábado amanecimos pronto, durmiendo escasamente 6 horas para el evento matutino: el paintball. Repetimos en la misma empresa que en la despedida de Sujeto 1, ya que nos había dejado un buen sabor de boca los campos de juego, la infraestructura y los biceps de la monitora: una suerte de teniente O'Neill cruzada con Sarah Connor. El punto culminante fue el final del juego, con una mini "caza del hombre" de la que Sujeto 5 salió pintado de amarillo de pies a cabeza como un canario. Nos cambiamos de ropa entre risas, sudor, adrenalina y comparando las primeras apariciones de cardenales.
En el camino de vuelta Sujeto 4, exhausto con tanta excitación, se vino abajo y tuvo que parar a tomar aire. Nada destacable más en esa parada en la cuneta, excepto que Sujeto 2 casi se despeña por su afán de orinar siempre en los lugares más insospechados.
Comimos un reconstituyente menú a base de pasta con chorizo y chuletones de medio kilo a la brasa. Por aclamación se decidió que lo mejor que podíamos hacer era recobrar las fuerzas mediante una siesta. Pero estos holgazanes llaman siesta a estar más de dos horas en la cama (las vulgarmente llamadas "siestas de pijama y orinal"), por lo que la cita con la señorita se nos echó encima con Sujeto 5 sereno y sobrio. Para afrontar esta crisis imprevista, decidimos disgregarnos en dos grupos:
- El grupo A se encargaría de distraer a Sujeto 5 y sumirle en un estado de embriaguez amistosa. El personal destinado a tal efecto se redujo a Sujeto 1, tal es la confianza en su capacidad que tenemos.
- El grupo B, escondido detrás de una ingeniosa coartada ("vamos a por tabaco") acudió al encuentro de la fámula.
Mientras el grupo A desplegaba una exhibición de juego en la wii mezclada con perorata inconexa que desorientó a Sujeto 5, el grupo B escrutaba nerviosamente la carretera en el lugar marcado. Por fin, apareció el vehículo; Sujeto 3 observó acertadamente "es una sudaca", pero al bajar la susodicha del todoterreno tuvimos que desbaratar nuestras ideas preconcebidas sobre la voluptuosidad de las habitantes sudamericanas. Eufemísticamente, diremos que era una chica maja.
Aceptaron acceder a la casa rural a pié, a pesar de que el gerente chingón que la acompañaba debía acarrear el equipo de música por esos vericuetos y que la bella efeba portaba unos taconazos de aguja. Llegamos a la casa, y en ese instante se produjo el momento álgido de la despedida: avancé para anunciar la llegada de "visitas", apareciendo el maromo a la vista de Sujeto 1 (ya advertido) y Sujeto 5 (inocente, sin sospechar). Se produjo en la cabeza del homenajeado un complejo proceso de razonamiento lógico que, unido a los pantalones marca-paquete y la camiseta "Italian gigoló" le hicieron temer (?) que iba a ser objeto de una performance masculina. Sujeto 5 salió de la casa como alma que lleva el diablo a tomar aire y meditar sus siguientes movimientos, cambiando su expresión cuando vio a la perla que acompañaba a Sujeto 2, Sujeto 4 y Sujeto 3. Se comenzó a dibujar una sonrisa en su rostro y, me puedo atrever a decir, un brillo de agradecimiento sincero en sus ojos. No obstante, tomó de un trago cuatro malibús con piña para prepararse anímicamente para lo que se le venía encima.
Y comenzó la actuación. No entraré en muchos detalles, sólo palabras sueltas y que la imaginación de cada uno haga el resto: brillantina, risas, "túmbate", látigo, calzoncillos de mercadillo, rubor, tatuaje, aceite, piercing, "sois muy tímidos", Beyonce&Shakira, "no tengáis miedo", rodilla a tierra, etc. Baste decir que al finalizar el espectáculo Sujeto 5 nos felicitó entre lágrimas uno por uno.
La primera parte de la noche estuvo condicionada con las sensaciones que nos había transmitido (¿qué tal?) el espectáculo, aunque engullendo frutos secos y cubatas la conversación iba y venía tocando un amplio espectro de temas: bodas, anécdotas de la mili, hijos, anécdotas de la mili, Lobato, Bolivia, anécdotas de la mili, coches, etc. Acabamos el alcohol sobre la 1 de la mañana, procediendo a una visita relámpago al bar local donde entramos partiendo la pana, mezclándonos con los allí presentes y tímidas arrancadas de Sujeto 2 en cánticos populares. De vuelta a la casa, un excesivo realismo en la representación de un chascarrillo derivó en un rápido intercambio de golpes entre Sujeto 2 y Sujeto 5 que no produjo bajas y se pasó página con un apretón de manos y un momento tarta de queso. A tal punto se recuperó la calma que ambos dos nos deleitaron con un popurrí de monólogos de humor que no por repetitivos hasta la extenuación cayeron en saco roto, decidiendo retirarnos a nuestros aposentos al comprobar que la noche solo podía ir a peor.
La mañana del domingo fue triste por las despedidas y los efectos secundarios de las sustancias ingeridas la noche anterior. Realizadas las labores de limpieza y entrega de llaves a la gangosa, emprendimos la vuelta. Sujeto 2 y Sujeto 5 no pudieron encajar tantas emociones y rompieron a echar la pota, codo con codo, en una cuneta, seguidos con la mirada atónita de Sujeto 4 y un servidor, ante tan sobrecogedor espectáculo. Amenizados por las paridas de Radio Marca, llegamos a la casa de Sujeto 5, aprovechando Sujeto 2 la parada para marcar el terreno con un poco más de vómito. Finalmente, a las 14:30, llegamos a casa cansados pero satisfechos.