Dos videos y un destino: el All-Stars




Gasol, tras arrastrarse durante unos 30 minutos, resolvió el partido contra los Celtics con varias canastas seguidas y un tapón clave. 1-0 para los Lakers esta temporada y paso de gigante (la audiencia del partido debió ser brutal) de Pau para estar en Phoenix en Febrero.





Y Rudy, haciendo el indio para que le votemos como concursante en el Slam-dunk contest. Vote me, la la la... Puede ser un bonito reencuentro con Howard, tras el in your face de la final de los Juegos.



Vietnam y Camboya IV: Angkor

Qué decir de Angkor que no se intuya por las fotografías... Intentaré hacer un resumen de la estancia en Camboya:


- Al entrar en el país hay que pagar 20 dólares (el riel no lo utilizamos en toda la estancia) y te piden un par de fotos de carnet. Si no tienes dólares, te piden 20 euros: conviene llevar la pasta cambiada. Por la tasa de salida te zumban otros 25 USD. Camboyanos sí, pero tontos no.

- La entrada de tres días al parque cuesta 40 dólares. No hace falta llevar fotografía: la tecnología webcam también ha llegado a Camboya. Viva la globalización.
- Lo mejor para moverse por el parque de Angkor es alquilar un tuktuk. Por una tarde, un día de circuito largo y un día de circuito corto nos cobraron 5, 17 y 12 USD, respectivamente. Por lo que nos comentaron, fue un buen negocio para nosotros y malo para él, sobre todo porque el segundo día pinchó una rueda y le cobraron 10 USD por cambiarla.


- Los hoteles están en Siem Reap, la ciudad más cercana donde están todos los hoteles. Se encuentra a unos diez kilómetros del parque por lo que ir en bici no es mala opción si vas a estar varios días y te lo quieres tomar con calma (las bicicletas se alquilan en la ciudad).
- Si se sabe algún idioma (francés, inglés o alemán) se pueden comprar las guías de Lonely Planet o National Geographic en el interior por muy buen precio (un par de dólares si se regatea bien). Las venden niños y niñas que en ocasiones son más pesados que llevar un chon debajo del brazo.


- En la zona de Angkor Bat hay que tener cuidado con los monos, sobre todo si llevas plátanos. Elaboré la teoría de que los monos y los vendedores de fruta que están por el recinto están compinchados: unos la venden y otros la comen/roban.
- La ciudad no es cara en absoluto a pesar de ser un foco turístico mundial. Hay unas cuantas calles para guiris, al estilo Torremolinos, con tabernas irlandesas donde ponen jurgol. Los camboyanos conocen muy bien la Premier, pero también la liga de aquí. Epatante la pronunciación libre que hacen del nombre de Casillas: i-a-si-i-yas. En su descargo he de reconocer que sabían mejor que yo la alineación de la selección en la Eurocopa.


- Los templos en sí son espectaculares. Acojonantes. Venga kilómetros en tuktuk y venga templos de piedra tallados de arriba a abajo. A primera hora (6 de la mañana, hay que aprovechar el sol), paseas entre las ruinas prácticamente tú solo, subiendo, bajando, asomándote a ventanas... Ojalá en todos los museos te dejasen encaramarte a las reliquias arqueológicas. De todas formas, al ser los templos tan grandes y estar tan separados, no se siente una masificación agobiante.
- Conviene llevar calzado muy cómodo y con las suelas en buen estado. Algunas escaleras hay que treparlas, más que subirlas, y los resbalones te pueden costar varios dientes.


En resumen, hay que ir. Quien pueda, no debe dejar escapar la oportunidad de visitar Angkor, antes de que saqueen todo: sorprende que haya tantos templos sin ningún tipo de control ni supervisión.

Hasta el Sr. Miyagi estaba visitando las ruinas de Angkor.


A la salida del país tuve un pequeño incidente: al pasar por el detector de rayos X vieron en mi mochila algo que les llamó la atención. Me indicaron que abriese la maleta y que "si tenía serpientes en el interior" (!!!). Al final todo había sido una mala interpretación de la imagen, ya que donde habían visto serpientes en realidad había galletas. Destacar que los ojos se le abrieron como platos a la agente de aduanas cuando vio el paquete de galletas Príncipe, chorreantes de chocolate del bueno. Si no llegan a habérmela liado a la entrada (20 euros= 20 USD), puede que la hubiese recompensado con una o dos. Cerré la mochila con suficiencia y estuve en un tris de comerme una galleta en su cara, escupiendo miguitas sobre su uniforme, pero me interesó permanecer en el desconocimiento absoluto del funcionamiento interno de las cárceles camboyanas.

También es verdad que en París tuve que enseñar nuevamente el contenido de la mochila, así que ojo con llevar galletas Príncipe.


Continuará...



Vietnam y Camboya III: Sur de Vietnam

Del sur del Vietnam visitamos la ciudad más poblada del país (Ho Chi Minh) y recorrimos decenas de kilómetros (por tierra y agua) del delta del Mekong.

Ho Chi Minh.
Nuevo vuelo interno y llegada al aeropuerto de Ho Chi Minh (aka Saigón). No tiene mucho que envidiar a cualquier gran ciudad europea en cuanto a edificios, instalaciones y tráfico. Incluso en las afueras están proyectados barrios enteros de rascacielos de alto standing: allí no les afecta la crisis inmobiliaria de la economía occidental.

La ciudad en sí solo la vimos poco más de media tarde, nada más llegar. Fue un rápido paseo por la zona francesa (Catedral, Edificio de Correos, algún edificio institucional) y el Museo de los Crímenes de Guerra (adivinad de qué guerra y desde qué punto de vista).

Edificio de Correos; a principios de noviembre, a las 17:55 es noche cerrada.

Lo más llamativo (por oscuro y tenebroso) fue la pagoda del Emperador de Jade. Se trata de un templo en mitad de la ciudad que desde fuera parece anodino, pero por dentro da la sensación de que en cualquier momento van a sacrificar un gallo negro. Muy recomendable.

En la foto ha salido mucho más alegre y luminoso de lo que es en realidad.

Delta del Mekong.
El viaje desde Ho Chi Minh hasta alguno de los mercados flotantes del Mekong fue incomodísima, en un autobús-furgoneta sin aire acondicionado. Molestias aparte, fue interesante la visita, viendo cómo comerciaban desde sus barcas intercambiando y/o comprando productos unos a otros. Al parecer, en los mercados flotantes no tienen que pagar impuestos, de ahí su implantación.

Vendo piñah a dos euros, qué buena la piñah a dos euros!


Tras la visita a los mercados flotantes, continuamos el crucero por los canales en una especie de piraguas para cuatro personas. Es increíble la cantidad de kilómetros de canales que puede haber.

Tráfico intenso en la hora punta de un canal del delta del Mekong.
Inconscientemente, mientras navegas por canales apretados contra palmeras, te resuena en la cabeza La Cabalgata de las Valkirias y comprendes el nivel de tensión que debían tener los soldados americanos durante la guerra: detrás de cada tronco podía haber un cañón, un brazo con una granada, la muerte en suma. Por suerte, nuestro viaje era de placer; no cambio esta ruta por Venecia y sus góndolas: la vietnamita remera guardó un educado silencio frente a los arranques a capella de los gondoleros italianos. Durante la excursión, paramos varias veces para visitar una fábrica de caramelos de coco y degustar decenas de frutas diferentes que se cultivan en esta zona.

Esa noche dormimos en Can Tho, ciudad de la que solo podemos constatar (por la hora de llegada y el cansancio) que por unos setenta céntimos de euro (0,70€) te puedes comprar una lata de pepsi y una bolsa de patatas fritas. Qué locura de precios. Al día siguiente realizamos otro viajecito por los canales y una visita educativa donde nos enseñaron cómo hacen los fideos de arroz (la higiene brilla por su ausencia).

La vuelta fue otro infierno de cinco horas en el mismo autobús de mierda. Solo por el coñazo del transporte hay que plantearse la visita al delta del Mekong... pero compensa darse la pechada (por muy poquito, eso sí).

Continuará...



Klaus & Kinski y Los Planetas

Últimamente escucho mucho a Klaus & Kinski, serio aspirante al trono de mejor canción del año continuando con la serie de posts que hice el año pasado. Pero uno de los temas de su disco Tu hoguera está ardiendo, me sonaba, se me hacía familiar.

Y creo que, tal vez influido por las recientes noticias acusadoras de plagio a otros grupo, he detectado ciertas coincidencias en la melodía. En concreto, con Briggite, de Los Planetas. Tantas veces acusados ellos de plagio, ahora parece que son fuente de inspiración para otros. Comprobadlo; en el siguiente video, atentos al 0:50 y siguientes 20 segundos.





Ahora, comparadlo con los primeros 20 segundos o a partir del 1:20 de este otro:




Incluso la letra de una y otra, tienen un aire, precisamente en el fragmento donde la melodía es similar:
Cómo puedo conservar/lo que no puedo controlar,/si los dioses son propicios/y no me retiran su favor.
Y cómo puedes explicar/algo que no has hecho jamás./A veces pienso que tan sólo ha sido un sueño,/y que todo sigue igual,/todo sigue igual.

A mí sí se me parecen... ¿qué pasa? A otros les da por chupar candados, ¿no?




Vietnam y Camboya II: Centro de Vietnam

En efecto, huimos como alma que lleva el diablo de Hanoi (donde en casa de nuestro guía el agua llegaba a la rodilla) y llegamos al aeropuerto de Hue, en el centro del país. En esta etapa del viaje visitamos la propia Hue, Hoi An y Danang.

Hue.
Nada más llegar, fuimos a la Ciudad Prohibida de Hue: un centenario complejo semidestruido por inclemencias del tiempo y guerras. Destacable también la pagoda de Thien Mu, y curioso ver a los jóvenes monjes por allí pululando, muy alegres para dormir todos los días sobre camas de rigurosísima madera.

Pagoda de Thien Mu.
¿Dónde está el pequeño saltamontes?
Tras la visita cultural, conviene dejarse caer por el mercado municipal, auténtico festival de frutas, verduras y falsificaciones, en parcelas repletas desde el suelo hasta el techo de mercancía a la venta:

¿Dónde está Wally?


Al día siguiente, emprendimos una travesía en cayuco por el río Perfumes; la tripulación (el piloto y una azafata-vendedora) eran desagradables, casi como españoles. Ni nos dieron la mano al salir del barco y todo porque no compramos nada de lo que vendían. Peor para ellos. En fin, que tras bajar del barco (de mierda) visitamos los mausoleos de Minh Mang y Kien Phuc.


Danang.
De Danang solo visitamos las Montañas de Mármol, pero el paseo es sencillamente espectacular con templos, pagodas, estancias y cuevas por todo el camino. Indispensable

Templos en mitad de la Montaña de Mármol

Después de la caminata nada mejor que un baño en la Playa de China, o en lo que queda de ella, porque el gobierno no hace más que vender pedazos de playa a futuros resorts... menos mal que esta coqueta cala tiene varias decenas de kilómetros (!!!).

Hoi An.
Un pueblo delicioso para pasear, y si se es amante de los trapitos, te hacen trajes a medida de un día para otro. Cada tienda tiene un catálogo con innumerables camisetas, trajes, vestidos, pantalones... originales y copias de famosos diseñadores. Pero lo mejor del pueblo son las tiendas de artesanos en la zona vieja, conjunto de casitas de dos alturas empleados originariamente por los pescadores locales.

Puestos de lámparas junto al río.

Aquí a los puentes viejos los llamamos "puentes romanos"; allí, "puente japonés".

Vale la pena la escala en el centro del país, probablemente la mejor zona del Vietnam en conjunto. Además, es su cocina es la más reconocida para los lugareños (tanto el guía de Hanoi como el de Ho Chi Minh nos lo dijeron).


Continuará.