En efecto, huimos como alma que lleva el diablo de Hanoi (donde en casa de nuestro guía el agua llegaba a la rodilla) y llegamos al aeropuerto de Hue, en el centro del país. En esta etapa del viaje visitamos la propia Hue, Hoi An y Danang.
Hue.
Nada más llegar, fuimos a la Ciudad Prohibida de Hue: un centenario complejo semidestruido por inclemencias del tiempo y guerras. Destacable también la pagoda de Thien Mu, y curioso ver a los jóvenes monjes por allí pululando, muy alegres para dormir todos los días sobre camas de rigurosísima madera.
Pagoda de Thien Mu.
¿Dónde está el pequeño saltamontes?
Tras la visita cultural, conviene dejarse caer por el mercado municipal, auténtico festival de frutas, verduras y falsificaciones, en parcelas repletas desde el suelo hasta el techo de mercancía a la venta:
¿Dónde está Wally?

Al día siguiente, emprendimos una travesía en cayuco por el río Perfumes; la tripulación (el piloto y una azafata-vendedora) eran desagradables, casi como españoles. Ni nos dieron la mano al salir del barco y todo porque no compramos nada de lo que vendían. Peor para ellos. En fin, que tras bajar del barco (de mierda) visitamos los mausoleos de
Minh Mang y Kien Phuc.
Danang.De Danang solo visitamos las
Montañas de Mármol, pero el paseo es sencillamente espectacular con templos, pagodas, estancias y cuevas por todo el camino. Indispensable
Templos en mitad de la Montaña de Mármol

Después de la caminata nada mejor que un baño en la Playa de China, o en lo que queda de ella, porque el gobierno no hace más que vender pedazos de playa a futuros resorts... menos mal que esta coqueta cala tiene varias decenas de kilómetros (!!!).
Hoi An.Un pueblo delicioso para pasear, y si se es amante de los trapitos, te hacen trajes a medida de un día para otro. Cada tienda tiene un catálogo con innumerables camisetas, trajes, vestidos, pantalones... originales y copias de famosos diseñadores. Pero lo mejor del pueblo son las tiendas de artesanos en la zona vieja, conjunto de casitas de dos alturas empleados originariamente por los pescadores locales.
Puestos de lámparas junto al río.

Aquí a los puentes viejos los llamamos "puentes romanos"; allí, "puente japonés".
Vale la pena la escala en el centro del país, probablemente la mejor zona del Vietnam en conjunto. Además, es su cocina es la más reconocida para los lugareños (tanto el guía de Hanoi como el de Ho Chi Minh nos lo dijeron).
Continuará.