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Como buscar tu nombre en Google sumado a encontrarte en un país del extranjero con un conocido.

Pero ni sé qué venden o anuncian. Casi que mejor.

Capitán Perestroika



20 años después de la caída de la URSS, la mejor representación de los ideales del capitalismo y El Enemigo impera en todos los cines de Leningrado, perdón, San Petersburgo.

Y los monos. Y Justin Timberlake.




Una semana en una ópera egipcia


Ese momento en el que te vas a miles de kilómetros de distancia y piensas en una foto para tu blog y en Los Planetas. Ese momento.

El momento de sacrificarme para no hacer sentir más vergüenza ajena.

Bueno, también había templos, faraones y eso.

Puede que escriba algo más, pero puedo prometer (y prometo) que no prometo nada.



Kursaal


Solo he estado dos veces en el Kursaal, pero siempre me ha llamado su gran composición de materiales. Hormigón. Vidrio. Acero. Piedra. Y al fondo, siempre presente, Mar.



Vietnam y Camboya V: Miscelánea

Y la última entrega del viaje es solo un pupurrí de cosillas curiosas que se habían quedado en el tintero.

- Si en España te dejas caer por determinados bares a eso de las cinco de la tarde, es muy probable que te encuentras una horda de jubilados jugándose los cafés al mus o al dominó. Bien, en Vietnam, como la gente está continuamente tirada en las calles, a la puerta de sus negocios, comiendo en puestos callejeros o simplemente, descansando, los eventos lúdicos populares se dan en las aceras. Y juegan al Xiangqi o Ajedrez Chino, una especie de ajedrez-stratego. Se puede comprar un juego de estos como recuerdo en cualquier librería, pero eso sí, el tablero es simplemente un hule con las casillas pintadas.

El de la camiseta azul está más muerto que los pollos del Carrefour.
El chaqueterismo del tipo del polo amarillo así lo atestigua.



- Tienen las piernas de goma, sus ligamentos son de chicle. La postura de cuclillas la clavan, pegan sus talones al culo y pueden pasar horas así. Y por si no fuera poco, se apalancan de esa postura en cualquier sitio: en el bordillo de una acera, al borde de una barca o incluso, en una barandilla como un gorrión (!!).

Vietnamita descansando en una postura inverosímil


- La presentación de las comidas en algunos de los restaurantes era verdaderamente espectacular. En la foto siguiente, el patito ese en realidad es un tomate tallado, y las flores del fondo estaban hechas de verduras (tomate, zanahoria, pepino...). Y es que encima, estaba todo buenísimo y a unos precios de escándalo.



- Lo de las motos era de chiste, no ya por las miles de motos que circulan sino porque son utilizadas como vehículo de transporte en masa y de carga. Llevar un tablón de 3 m de largo al hombro, un cerdo (muerto) atado al asiento o cuatro personas (ver foto) es el pan de cada día.



Creo que esto es todo. No obstante, si me acuerdo de alguna cosa significativa más, amenazo con una sexta entrega.

Vietnam y Camboya IV: Angkor

Qué decir de Angkor que no se intuya por las fotografías... Intentaré hacer un resumen de la estancia en Camboya:


- Al entrar en el país hay que pagar 20 dólares (el riel no lo utilizamos en toda la estancia) y te piden un par de fotos de carnet. Si no tienes dólares, te piden 20 euros: conviene llevar la pasta cambiada. Por la tasa de salida te zumban otros 25 USD. Camboyanos sí, pero tontos no.

- La entrada de tres días al parque cuesta 40 dólares. No hace falta llevar fotografía: la tecnología webcam también ha llegado a Camboya. Viva la globalización.
- Lo mejor para moverse por el parque de Angkor es alquilar un tuktuk. Por una tarde, un día de circuito largo y un día de circuito corto nos cobraron 5, 17 y 12 USD, respectivamente. Por lo que nos comentaron, fue un buen negocio para nosotros y malo para él, sobre todo porque el segundo día pinchó una rueda y le cobraron 10 USD por cambiarla.


- Los hoteles están en Siem Reap, la ciudad más cercana donde están todos los hoteles. Se encuentra a unos diez kilómetros del parque por lo que ir en bici no es mala opción si vas a estar varios días y te lo quieres tomar con calma (las bicicletas se alquilan en la ciudad).
- Si se sabe algún idioma (francés, inglés o alemán) se pueden comprar las guías de Lonely Planet o National Geographic en el interior por muy buen precio (un par de dólares si se regatea bien). Las venden niños y niñas que en ocasiones son más pesados que llevar un chon debajo del brazo.


- En la zona de Angkor Bat hay que tener cuidado con los monos, sobre todo si llevas plátanos. Elaboré la teoría de que los monos y los vendedores de fruta que están por el recinto están compinchados: unos la venden y otros la comen/roban.
- La ciudad no es cara en absoluto a pesar de ser un foco turístico mundial. Hay unas cuantas calles para guiris, al estilo Torremolinos, con tabernas irlandesas donde ponen jurgol. Los camboyanos conocen muy bien la Premier, pero también la liga de aquí. Epatante la pronunciación libre que hacen del nombre de Casillas: i-a-si-i-yas. En su descargo he de reconocer que sabían mejor que yo la alineación de la selección en la Eurocopa.


- Los templos en sí son espectaculares. Acojonantes. Venga kilómetros en tuktuk y venga templos de piedra tallados de arriba a abajo. A primera hora (6 de la mañana, hay que aprovechar el sol), paseas entre las ruinas prácticamente tú solo, subiendo, bajando, asomándote a ventanas... Ojalá en todos los museos te dejasen encaramarte a las reliquias arqueológicas. De todas formas, al ser los templos tan grandes y estar tan separados, no se siente una masificación agobiante.
- Conviene llevar calzado muy cómodo y con las suelas en buen estado. Algunas escaleras hay que treparlas, más que subirlas, y los resbalones te pueden costar varios dientes.


En resumen, hay que ir. Quien pueda, no debe dejar escapar la oportunidad de visitar Angkor, antes de que saqueen todo: sorprende que haya tantos templos sin ningún tipo de control ni supervisión.

Hasta el Sr. Miyagi estaba visitando las ruinas de Angkor.


A la salida del país tuve un pequeño incidente: al pasar por el detector de rayos X vieron en mi mochila algo que les llamó la atención. Me indicaron que abriese la maleta y que "si tenía serpientes en el interior" (!!!). Al final todo había sido una mala interpretación de la imagen, ya que donde habían visto serpientes en realidad había galletas. Destacar que los ojos se le abrieron como platos a la agente de aduanas cuando vio el paquete de galletas Príncipe, chorreantes de chocolate del bueno. Si no llegan a habérmela liado a la entrada (20 euros= 20 USD), puede que la hubiese recompensado con una o dos. Cerré la mochila con suficiencia y estuve en un tris de comerme una galleta en su cara, escupiendo miguitas sobre su uniforme, pero me interesó permanecer en el desconocimiento absoluto del funcionamiento interno de las cárceles camboyanas.

También es verdad que en París tuve que enseñar nuevamente el contenido de la mochila, así que ojo con llevar galletas Príncipe.


Continuará...



Vietnam y Camboya III: Sur de Vietnam

Del sur del Vietnam visitamos la ciudad más poblada del país (Ho Chi Minh) y recorrimos decenas de kilómetros (por tierra y agua) del delta del Mekong.

Ho Chi Minh.
Nuevo vuelo interno y llegada al aeropuerto de Ho Chi Minh (aka Saigón). No tiene mucho que envidiar a cualquier gran ciudad europea en cuanto a edificios, instalaciones y tráfico. Incluso en las afueras están proyectados barrios enteros de rascacielos de alto standing: allí no les afecta la crisis inmobiliaria de la economía occidental.

La ciudad en sí solo la vimos poco más de media tarde, nada más llegar. Fue un rápido paseo por la zona francesa (Catedral, Edificio de Correos, algún edificio institucional) y el Museo de los Crímenes de Guerra (adivinad de qué guerra y desde qué punto de vista).

Edificio de Correos; a principios de noviembre, a las 17:55 es noche cerrada.

Lo más llamativo (por oscuro y tenebroso) fue la pagoda del Emperador de Jade. Se trata de un templo en mitad de la ciudad que desde fuera parece anodino, pero por dentro da la sensación de que en cualquier momento van a sacrificar un gallo negro. Muy recomendable.

En la foto ha salido mucho más alegre y luminoso de lo que es en realidad.

Delta del Mekong.
El viaje desde Ho Chi Minh hasta alguno de los mercados flotantes del Mekong fue incomodísima, en un autobús-furgoneta sin aire acondicionado. Molestias aparte, fue interesante la visita, viendo cómo comerciaban desde sus barcas intercambiando y/o comprando productos unos a otros. Al parecer, en los mercados flotantes no tienen que pagar impuestos, de ahí su implantación.

Vendo piñah a dos euros, qué buena la piñah a dos euros!


Tras la visita a los mercados flotantes, continuamos el crucero por los canales en una especie de piraguas para cuatro personas. Es increíble la cantidad de kilómetros de canales que puede haber.

Tráfico intenso en la hora punta de un canal del delta del Mekong.
Inconscientemente, mientras navegas por canales apretados contra palmeras, te resuena en la cabeza La Cabalgata de las Valkirias y comprendes el nivel de tensión que debían tener los soldados americanos durante la guerra: detrás de cada tronco podía haber un cañón, un brazo con una granada, la muerte en suma. Por suerte, nuestro viaje era de placer; no cambio esta ruta por Venecia y sus góndolas: la vietnamita remera guardó un educado silencio frente a los arranques a capella de los gondoleros italianos. Durante la excursión, paramos varias veces para visitar una fábrica de caramelos de coco y degustar decenas de frutas diferentes que se cultivan en esta zona.

Esa noche dormimos en Can Tho, ciudad de la que solo podemos constatar (por la hora de llegada y el cansancio) que por unos setenta céntimos de euro (0,70€) te puedes comprar una lata de pepsi y una bolsa de patatas fritas. Qué locura de precios. Al día siguiente realizamos otro viajecito por los canales y una visita educativa donde nos enseñaron cómo hacen los fideos de arroz (la higiene brilla por su ausencia).

La vuelta fue otro infierno de cinco horas en el mismo autobús de mierda. Solo por el coñazo del transporte hay que plantearse la visita al delta del Mekong... pero compensa darse la pechada (por muy poquito, eso sí).

Continuará...



Vietnam y Camboya II: Centro de Vietnam

En efecto, huimos como alma que lleva el diablo de Hanoi (donde en casa de nuestro guía el agua llegaba a la rodilla) y llegamos al aeropuerto de Hue, en el centro del país. En esta etapa del viaje visitamos la propia Hue, Hoi An y Danang.

Hue.
Nada más llegar, fuimos a la Ciudad Prohibida de Hue: un centenario complejo semidestruido por inclemencias del tiempo y guerras. Destacable también la pagoda de Thien Mu, y curioso ver a los jóvenes monjes por allí pululando, muy alegres para dormir todos los días sobre camas de rigurosísima madera.

Pagoda de Thien Mu.
¿Dónde está el pequeño saltamontes?
Tras la visita cultural, conviene dejarse caer por el mercado municipal, auténtico festival de frutas, verduras y falsificaciones, en parcelas repletas desde el suelo hasta el techo de mercancía a la venta:

¿Dónde está Wally?


Al día siguiente, emprendimos una travesía en cayuco por el río Perfumes; la tripulación (el piloto y una azafata-vendedora) eran desagradables, casi como españoles. Ni nos dieron la mano al salir del barco y todo porque no compramos nada de lo que vendían. Peor para ellos. En fin, que tras bajar del barco (de mierda) visitamos los mausoleos de Minh Mang y Kien Phuc.


Danang.
De Danang solo visitamos las Montañas de Mármol, pero el paseo es sencillamente espectacular con templos, pagodas, estancias y cuevas por todo el camino. Indispensable

Templos en mitad de la Montaña de Mármol

Después de la caminata nada mejor que un baño en la Playa de China, o en lo que queda de ella, porque el gobierno no hace más que vender pedazos de playa a futuros resorts... menos mal que esta coqueta cala tiene varias decenas de kilómetros (!!!).

Hoi An.
Un pueblo delicioso para pasear, y si se es amante de los trapitos, te hacen trajes a medida de un día para otro. Cada tienda tiene un catálogo con innumerables camisetas, trajes, vestidos, pantalones... originales y copias de famosos diseñadores. Pero lo mejor del pueblo son las tiendas de artesanos en la zona vieja, conjunto de casitas de dos alturas empleados originariamente por los pescadores locales.

Puestos de lámparas junto al río.

Aquí a los puentes viejos los llamamos "puentes romanos"; allí, "puente japonés".

Vale la pena la escala en el centro del país, probablemente la mejor zona del Vietnam en conjunto. Además, es su cocina es la más reconocida para los lugareños (tanto el guía de Hanoi como el de Ho Chi Minh nos lo dijeron).


Continuará.

Dunker Jedi Barcelona


Irse a una boda a Barcelona el fin de semana no ayuda en absoluto a acabar la crónica del viaje a Vietnam y Camboya, pero qué se le va a hacer...

Al menos, por fin he visitado el parque Güell y la iglesia de Santa María del Mar (la famosa Catedral del Mar); imprescindibles ambas.


Vietnam y Camboya I: Norte de Vietnam

Tras un penoso viaje de París a Hanoi con escala en Bangkok, aterrizamos sin más novedad que 12 horas de sufrimiento atroz. El vuelo, en un boing 747 de Air France fue incómodo a más no poder por la estrechez entre filas de butacas y por la selección de películas, hábilmente traducidas a español sudamericano: Hulk no da miedo con ese acento.

El viaje por el norte de Vietnam se ciñó a tres puntos clave: Hanoi, la bahía de Ha Long y Sapa.

Hanoi.
Ciudad caótica, una orgía de motos.
Lo más destacable de la ciudad en cuanto a lugares para visitar es: el mausoleo de Ho Chi Minh, que lamentablemente estaba cerrado por mantenimiento (dos meses al año!!), la Casa del Gobernador, la Pagoda de un Pilar y el Templo de la Literatura.

One pilar pagoda.
No están mal, pero lo mejor de Hanoi es el movimiento que hay en las calles, donde cada planta baja es un comercio y con tres sillas de plástico y un puchero de sopa ya montan un restaurante: capitalismo powah.


Taburetes tamaño tapón de botella. Mención especial a los maniquís.
Es de visita obligada también las marionetas sobre el agua, aunque para ser exactos deberían llamarse marionetas en el agua: los tipos que las manejan están metidos en el agua verde que se ve en la foto.


Ha Long Bay.

A unas tres horas en coche de Hanoi por autopista (las autopistas están limitadas a 80 km/h) se encuentra el puerto de Ha Long, la puerta de entrada a la bahía homónima. El paisaje es realmente magnífico y si escoges bien o tienes suerte con el barco, la estancia es inolvidable.


En el barco te pones hasta las cejas de buen marisco y pescado, complemento ideal para las excursiones a cuevas, ensenadas, playas y rutas en kayac. Vale la pena estar al menos dos días y una noche.


Como pega se podría poner que hay demasiada gente, pero claro, si no fuese tan bonito no se visitaría. Es el típico comentario del viajero experto que te cruzas: "está muy bien tal sitio en el que estuvimos, pero es que hay demasiado turista, está masificado". Eso mismo pensarán ellos cuando te ven a ti, supongo.

Sapa.
De Hanoi a Sapa se suele ir generalmente en el tren nocturno hasta Lao Cai (a 30 km de Sapa), para aprovechar al máximo los días de estancia en el país. El tren nocturno no está mal, es lento de cojones eso sí: sales a las 9 de la noche y llegas sobre las 6 de la mañana para un trayecto de unos 220 km. Velocidad absurda.

Sapa es un pueblecito entre las montañas que tiene como características que le hacen "visitable" el paisaje escalonado para aprovechar las laderas como superficie cultivable de arroz y unas pequeñas aldeas con tradiciones muy arraigadas.

Los ecologistas se indignarían si hiciésemos esto en España.

La más famosa de las aldeas es la llamada de la "gente negra", que no hace referencia a su color sino a su vestimenta: negra como una noche sin luna. Es curioso ver a las mujeres con esos trajecitos, "espinilleras" y gorros negros con una especie de cuevanuco a la espalda, pero son pesadas como ellas solas: Will you buy something to me? Pleeeeease! Y no las digas que later, porque te persiguen después por toda la ciudad.


Las mujeres negras, en un descanso de su acoso sin fin a los turistas.
La visita de Sapa no va más allá de ver el pueblecito y las aldeas, con lo que con un día podría ser suficiente: el segundo día se nos hizo larguísimo porque además no paró de llover ni un momento. Al menos tuvimos suerte porque en ese mismo momento Hanoi se estaba inundando.

Continuará...




Granada: Un buen día (y medio) - Toma 2

El día amaneció pronto en la habitación 116, la utilizada por Caleb y Amoroso. La cafeína de las cocacolas light se hizo sentir y si bien se habían acostado sobre las 7, a las 10:30 Amoroso ya estaba en la ducha. Mientras tanto, Caleb se quería morir: una fina película de sudor frío le cubría de pies a cabeza, con acelerones irregulares en su ritmo cardíaco. Padecía lo que posteriormente denominó Blas como "una pálida de libro". El afectado tuvo que asomarse por la ventana para tomar el fresco y se entretuvo mirando a un par de muchachas de apariencia árabe que pedían limosna. "Me cambiaba ahora mismo por ellas", pensó Caleb; "me muero, me cago en la puta..." a duras penas articuló. Por fortuna para él, en cuanto pudo disponer del servicio pasó lo peor, encontrándose media hora más tarde afeitado, duchado y con mejor cuerpo.

Blas, Caleb y Amoroso decidieron dar una vuelta por la ciudad antes de comer, mientras que Demetrio prefirió seguir planchando la almohada con la oreja; éste, animal nocturno, no encontró otro momento mejor para inspirarse en sus disertaciones sobre la vida que las 7 de la mañana, la hora de llegada de la noche anterior. Cuando, según sus propias palabras, "más brillantes estaban siendo mis razonamientos", se percató de que Blas llevaba dormido varios minutos, tal y como delataba su regular ritmo de respiración y el hilo de saliva que se deslizaba plácidamente por la comisura de sus labios. Frustrado, se refugió en la lectura de un libro, lo que le llevó a retrasar el abrazo de Morfeo casi una hora, motivo por el cuál declinó la oferta para dar un paseo matutino ("iros a tomar por culo" fue su respuesta exacta cuando le preguntaron al respecto).

Los tres fueron callejeando y realizando compras ocasionales. Así, Caleb se compró una camiseta porque la de la noche anterior olía a perros muertos y solo le quedaba limpia una del grupo de K y "sería de paletos encontrarse con Él nuevamente llevando esa camiseta". Por su parte, Amoroso también compró algo de ropa y una pantera de bronce de recuerdo (???).

Ya con Demetrio reintegrado al grupo, comieron en una terraza; aún hoy están esperando unos daiquiris que ofreció el camarero, buen conversador pero mal profesional. Volvieron al hotel donde echaron una siesta de pijama y orinal, saliendo con el tiempo justo para visitar el Amador antes de la cena.

Siempre voy al Amador, por si apareces.


El local en sí era curiosillo, como el típico bar de vinos pero con abundancia de color negro y flyers de conciertos: la fauna lógica del lugar podría haber sido gafapastas jugando al dominó. Nuestro cuatro protagonistas se asentaron en una esquina del local donde tomaron una ronda y una tapa, para ir entonando el estómago. La peculiar distribución del bar les permitía observar a través de las ventanas a las viandantes mientras apuraban sus consumiciones, lo que dio pié para retomar la conversación sobre la belleza intrínseca de la mujer granadina.

Tras consultar sus relojes y comprobar que aún les quedaba tiempo para otra ronda, pararon en la Casa de la Gamba. La retransmisión de un partido de baloncesto dirigió la charla a este deporte, donde Demetrio desplegó su retórica hasta el punto de que Blas estalló: "Pero qué cojones me estás contando, Demetrio, que yo sé mucho más que tú de basket y me estás haciendo callar!". No volvió a salir el tema Ricky Rubio en toda la noche.

Con media hora de retraso (los 10 minutos de siempre de Demetrio) por el colapso en el servicio de taxi de la ciudad, llegaron a la Ruta del Veleta, famoso restaurante local. El sitio en sí era demasiado recargado, con miles de jarras colgadas del techo ("con la suerte que me caracteriza, si se cae una jarra será la que está encima de mí", auguró Blas). No fue así. No obstante, tuvo que pasar un mal trago (y nunca mejor dicho) cuando él fue el encargado de (a)probar el vino; en cuanto Amoroso y Demetrio mojaron sus labios se percataron de que estaba algo frío. Hay un proverbio no escrito que dice 'La barrera que separa los snobs de la gente normal es que pueden discutir porque el vino está dos o tres grados por debajo de la temperatura recomendada'. Y así fue, tanto insistieron con el "cómo coño no le has dicho al camarero que estaba frío" que Blas se cabreó. Volcó su ira contra el camarero, que le dio la razón, pero la botella de vino no se movió de su lugar. A media cena ya se había olvidado todo. A la hora de las copas, Demetrio pidió un "Agochemuit" a lo que el camarero solo pudo responder "¿el qué?"; Demetrio, impaciente, respondió de malas maneras "Es esa botella verde de allí!". Seguramente la extraña espuma que traía el whiskey (porque el Agochemuit al parecer es un whiskey) y los 12 euracos que costó fueron la dulce venganza del camarero. Asimismo, el resto de la cuenta también fue demasiado cara para lo que habían cenado.

La vuelta a la ciudad se saldó con un nuevo extravío debido a que en lugar de dirigir al taxista a la calle Sol (que es a donde iban), Demetrio tuvo la ocurrencia de dictar una esquina próxima, no la exacta. Otros diez minutos de retraso innecesarios. Volvieron al Ruido Rosa, lugar que les había dejado un buen sabor de boca la noche anterior. Esta vez no estaba K, de hecho había menos gente que el día anterior. Con la tercera ronda acabaron las existencias de cocacola light; según confesó la camarera fashion, en ese local no estaban acostumbrados a tal demanda. Lo mismo les ocurrió en el Sugar Pop, donde nuevamente mataron la noche tras una brevísima estancia en el Peatón. Curiosamente, en dos noches de bares por Granada solo habían pinchado un tema de Lori Meyers, el otro gran grupo de la ciudad.

Al día siguiente, los mil kilómetros de vuelta fueron atroces para todos excepto para Amoroso, de buen humor y fresquísimo.



Granada: Un buen día (y medio) - Toma 1

Después de nueve horas y mil (1000) kilómetros con solo una parada en Valladolid para recoger a Amoroso (le llamaremos Amoroso) y dos paradas en la tierruca para recoger a Blas (Blas) y Caleb (Caleb); el coche, conducido desde una ignota población norteña por Demetrio (Demetrio), llegó a Granada, punto de destino del viaje relámpago. No obstante, la entrada en el hotel se demoró casi una hora porque Demetrio se empeñó en girar a la izquierda en un cruce cuando el sentido común y la tecnología (geoposicionamiento global por satélite) decían lo contrario, desembocando en una espiral de calles de sentido único que crispó los cansados nervios de los otros tres integrantes del grupo. Cuarenta y tres minutos de reloj más tarde, que en palabras de Demetrio realmente fueron "diez minutos callejeando por un pequeño despiste", firmaron en el hotel y fueron a las habitaciones a dejar las maletas, para asearse un poco y salir inmediatamente. Con las prisas, Caleb confundió el orden de las reglas de higiene elemental, aplicándose el desodorante en el sobaco y lavándose después.

La primera parada de la noche era el conjunto arquitectónico de la Alhambra, idea de Demetrio como contrapunto romántico-cultural al fin de semana de excesos. El taxi, pilotado sabiamente por un hombre que mientras conducía reposaba su axila sobre la portezuela del coche y con conversación lenta e ininteligible -un clásico en Granada-, serpenteó a toda velocidad por las calles de la ciudad hasta las puertas del complejo donde, ya a pié, continuó la loca carrera por entrar antes del cierre (las entradas se reservaron para las 22 horas y habían pasado ya 19 minutos de esa hora). Con tantas prisas, Amoroso se extravió y se acopló a un grupo de turistas ingleses. La diferencia de lengua no le resultó extraña ni que no estuviesen en el grupo ninguno de sus amigos, porque éstos tuvieron que volver atrás a por él. Finalmente entraron en los Palacios Nazaríes donde estuvieron paseando durante cerca de una hora, comentando la exhibición de fuerza y destreza de las tallas en mármol (aunque "son muchos metros cuadrados, se podría negociar un buen precio") e intentando en vano hacer una fotografía digna sin flash.

Con los ecos de fondo de un par de espectáculos flamencos de Sacromonte, consideraron que ya estaba bien de embriagarse en la cultura de Al-Andalus y utilizar ese verbo en su contexto primigenio. La primera parada de la noche se produjo en el Antigualla, bar conocido -como muchos otros de Granada, por cierto- por que si pides un vino te dan de tapa un bocadillo (primeras) o una hamburguesa (segundas) o un sandwich (terceras). Cayeron las tres rondas. Un breve paso por un antro de aires cubanos en el que tuvieron ocasión de degustar un mojito bastante regulero fue la última parada antes de comenzar el objetivo del viaje: seguir la ruta indie de Granada con la esperanza de encontrarnos con algún artista local o al menos, escuchar buena música.

El Servicio de Documentación del Área de Organización del Viaje utilizó todas sus armas de investigación (buscar en Google) para llegar a la conclusión de que la primera parada debía ser el Ruido Rosa. Se produjeron unas breves escenas de pánico cuando al recorrer de principio a fin la calle Sol no se localizó el bar, aunque en una segunda batida con los ocho ojos bien abiertos consiguieron distinguir la entrada, que se encontraba en un sótano.

He bajado en la moto hacia los bares de siempre.



Durante toda la tarde habían fantaseado sobre un posible encuentro con el gran gurú K (le llamaremos K), que si resultaría imposible encontrarse con él por ahí, que si no tiene otros pitos que tocar. Pero nada más abrir la puerta, pese a que el bar estaba prácticamente lleno, Caleb susurró: "Ahí está K. Al fondo. Creo que es él." Blas fue incapaz de seguir las indicaciones visuales de Caleb, que afinó más: "Es K. Fijo". Solo cuando K, para ganar la posición junto a un grupo de féminas, empezó a taladrar con los codos la espalda de Blas, este tuvo que reconocer que, efectivamente, era Él. En defensa de la vista de Blas, hay que dejar constancia de que el Artista despistaba un poquito porque está experimentando un arriesgado nuevo look con barba rala.

Caleb y Blas, fans declarados del grupo de K. no cabían en sí de gozo (“El primer bar de la lista, el primer día y nos encontramos con Él!”), mientras que Amoroso y Demetrio se mostraron más escépticos. “Qué feo es”, comentó el primero. Demetrio fue más allá del simple aspecto físico y discutió su elegancia: “El llevar camisetas de manga larga denota una alarmante falta de estilo. Además, la que tiene puesta parece un pijama.” Sea como sea, K, ajeno a estas críticas, se estaba trabajando pacientemente a una señorita objetivamente bien parecida e indiscutiblemente de metro ochenta.

El resto de la concurrencia llevaba discretamente la presencia del divo, excepto unos personajes claramente foráneos que, emocionados, solicitaron un autógrafo de K y cruzaron dos frases con Él. Blas y Caleb intercambiaron opiniones sobre la fama y la paciencia, pero en todo caso se jactaron de que ellos no eran del tipo de gente que irrumpe en las conversaciones de nadie (por muy ídolo tuyo que sea), y mucho menos cuando a todas luces está comiendo la oreja a la tipa más llamativa del lugar.

Los minutos fueron pasando apaciblemente, entre combinados de alcohol con cocacola light, negociaciones de Amoroso con la camarera fashion sobre el precio de la quinta ronda o, en su defecto chupito gratis, y una discusión sobre el origen del nombre del local (Ruido Rosa) sobre el que se concluyó que era una especie de homenaje a Pink Floyd porque de PigNoise seguro que no. De pronto, de la nada apareció una chica frente a Caleb con un papel y un bolígrafo, y le solicitó un autógrafo. Estupefacto, no se le ocurrió preguntar más que “¿Por qué?”, a lo que la sorprendida muchacha respondió “Bueno, eres el cantante de Los Planetas, ¿no? Mi amiga, que está ahí, me ha dicho que te pida un autógrafo, es muy fans tuya”. Caleb se lo tomó a risa “Jajaja. No, yo no soy K. Es ese de ahí”. La muchacha viró en un segundo hacia donde le indicaba el dedo de Caleb y solicitó una dedicatoria al músico, que estampó una enorme k mayúscula y un garabato. Puede que la euforia de la quinta ronda fuese la gran culpable, pero Blas y Caleb, olvidando sus propios principios, se abalanzaron sobre K y rompieron a hablar con Él. Caleb le explicó el viaje de mil kilómetros que acababan de realizar, el malentendido del autógrafo y que habían venido a ver si se encontraban con alguno de ellos (Demetrio murmuró entre dientes "...no solo a eso, joder"), mientras que Blas, exultante y con afán de protagonismo dijo que era a él a quién le habían confundido con K y que “hemos venido escuchándoos todo el camino”. El Artista, lacónico como siempre, respondió a esto último: “Buena elección”. Fueron sus únicas palabras en la conversación, mostrándose no obstante sonriente y divertido. Puede que el motivo de su felicidad fuese que, un minuto después, saliese del bar de la mano de la tipa que tan (aparentemente) bien se había trabajado. “Qué crack” tuvo que reconocer Amoroso.

Mientras pasaba la emoción del momento, Caleb se fue dando cuenta poco a poco que no había nada de lo que enorgullecerse por haber sido confundido con K, hombre de talento pero (muy) poco agraciado por no decir que es unos 20 cm más bajo, una decena de años más viejo y bastante perjudicado por la noche granadina. Pero lo más triste para él es que no fue el único que se percató de esa circunstancia, ya que un grupo de muchachas lo habían visto todo y se estaban muriendo de risa. A su costa, además. Se aproximaron y entablaron una alegre conversación sobre el perfil griego de K y su caída de ojos e ironizaron sobre la leyenda urbana (vía foro del FIB) del energúmeno que había cedido su novia al Artista para que éste gozara de sexo oral. Más tarde, para compensar las burlas iniciales, simularon pedir un autógrafo a Caleb para que recuperase su autoestima, pero el mal ya estaba hecho y el disgusto le duró una hora. Afortunadamente la ingesta de alcohol iba viento en popa y cuando en el Ruido Rosa cerró, fueron todos bastante animados al Sugar Pop a continuar la noche.

Hay que destacar que durante la estancia en el Sugar Pop se volvió a dejar ver la grouppie escultural pero esta vez de la mano de otro tipo, lo que llevó a Amoroso a exponer sobre la marcha una complicada teoría sobre la potencia sexual de K. El propio Amoroso se estaba haciendo el amo de la pista cuando el reloj marcaba más de las seis de la mañana y el contador de ron con cocacola había superado cómodamente las dobles figuras por persona. En ese momento, los otros tres integrantes del grupo consideraron oportuno comer algo en uno de los miles de Kebabs abiertos a esas horas. Finalmente, tras un pequeño paseo "de 10 minutos" (Demetrio dixit) llegaron al hotel donde durmieron el sueño de los justos.


Fallas 2008 (2)

Y la última tanda de fotos del viaje a Valencia (de las fallas, aún queda la Ciudad de las Artes y las Ciencias).


Las dos fotografías anteriores son de la Falla Exposición, titulada "Haciendo historia", que obtuvo el tercer premio en la sección especial.


Falla Pizarro-Cirilo-Amorós, "Pasito a pasito, todo lo veremos"; octavo premio.


Falla Almirante Cadarso-Conde de Altea, "No te preocupes, sé feliz"; sexto premio.


Falla Plaza del Pilar, "Malos tiempos para los cuatro elementos"; quinto premio.


Falla Regne de Valencia-Duque de Calabria, "¿Y quién ha dicho miedo?"; Noveno premio.


Falla Sueca-Literato Azorín, "Sueños o realidad"; cuarto premio.


En resumen, es impresionante el derroche de creatividad y dinero para esta fiesta. Quemar esas obras de arte hace daño a la vista, pero en fin.. las fallas son así. Un tema aparte es el ruido: petardos, tracas, mascletás, cohetes... vi niños de 2 años que casi no podían ni sostenerse en pie lanzando petardos. No sé.. parece excesivo. Tampoco me parece muy afortunado que las fallas estén rotuladas exclusivamente (al menos, las que yo vi) en valenciano. Te pierdes gran parte de la gracia.