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Air Jordan 11 - sentido común 0


Parece ser que en Estados Unidos están al borde de la guerra civil por la salida al mercado de la reedición de unas botas de baloncesto; en concreto, las Air Jordan 11, del año 96. Hablar de las botas de baloncesto como de modelos de coches: en ese momento estamos. Son unas botas espectaculares, cómodas y resistentes. Aún conservo mi par de hace 15 años, con el que viví momentos inolvidables como la fase final del ROBO o el legendario "Octavos de ocho", que tal vez algún día me anime a redactar. Páginas imborrables de la Historia del Baloncesto ,en definitiva. Y ahí estaban las AJ11, las botas que calzaba Jordan durante la temporada en que consiguieron el record de victorias durante la liga regular (72 de 82), que aún permanece. Y por mucho tiempo, presumo.


Publicidad

Como buscar tu nombre en Google sumado a encontrarte en un país del extranjero con un conocido.

Pero ni sé qué venden o anuncian. Casi que mejor.

Iron

Una de las veces que lo llevaba paseando, se me acercó un gitano y me dijo que qué vendía, y a cuánto. No entendí muy bien, así que le pedí amablemente que me repitiera la pregunta. "Que si tienes droga, joder". Era mediodía, por cierto. Y estaba sin afeitar. Puede que mi barba o mi perro le guiasen por la calle de los tópicos y que asumiera mi pertenencia al mundo del tráfico de estupefacientes. Con mucha educación le señalé que estaba en un error, y que se fuese a tomar por el culo porque no me gusta nada la gente que se guía por los prejuicios. Iron nos miró durante toda la conversación (que duró menos de un minuto), con gran interés y tranquilo, como siempre.

1999-2011


Capitán Perestroika



20 años después de la caída de la URSS, la mejor representación de los ideales del capitalismo y El Enemigo impera en todos los cines de Leningrado, perdón, San Petersburgo.

Y los monos. Y Justin Timberlake.




El Chino

El otro día fui muy tarde a la cancha. Me había entretenido por la tarde, y las mismas razones que me habían hecho retrasarme, me ocupaban los pensamientos. Profundos pensamientos.

Que yo también tengo de eso, eh.

En estas circunstancias, siempre me gusta estar solo. Pero siempre hay alguien dispuesto a joder la marrana. Tan concentrado como suelo en mis series de tiro y movimientos repetitivos y repetidos hasta la saciedad, no percaté en la presencia de un espectador a mi espalda. También puede ser que el espectador, de rasgos asiáticos, tenga nociones de las artes oscuras de los ninjas. El caso es que ante su petición formal para compartir cancha (y sobre todo, balón), me desarmé con esa mirada de ojos rasgados y sonrisa sumisa. Eso sí, no quise jugar un 1 on 1, por si las moscas (véase El Lituano).

La rutina era un lanzamiento él, un lanzamiento yo. Pero, como ya he dicho, estaba dando vueltas en mi cabeza demasiadas cosas. Tanto que, me despisté y no me di cuenta de que era mi turno. El chino, tan disciplinado como se les supone, diligentemente me pasó el balón para que yo lanzase. Y yo, que estaba en otro lado, solo pude recepcionar su pase picado con mi pubis. Lo típico que te falta el aire y piensas: "por poco". Y: "puto chino". Pidió disculpas reiteradas con inclinaciones de cabeza y seguimos lanzando, aunque después del incidente, solo me pasaba cuando yo asentía, como los recogepelotas de los Master Series.

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El lunes volvió a aparecer el chino. Yo suelo hacer el mongo intentando repetir los highlights de la semana, pero a cámara lenta y con grandes dosis de vergüenza ajena. De todos los años que llevo poniéndome en ridículo así, al final sí que metes alguna de esas imposibles, e incluso, hay tiros de fantasía que los tengo mecanizados. Uno de ellos, es lanzar a canasta a una mano, por detrás de la espalda, como se lanzó Rudy el balón contra la tabla en el Slam Dunk del año pasado. Así, medio despistado lancé una de las veces, y la colé limpia. Desde el triple. El chino rompió a aplaudirme, y a partir de ese momento su única ilusión en la vida fue intentar meterla de esa forma.

Pero lo hacía muy mal. Ya de por sí es difícil, porque exige mucha coordinación y cierta longitud de brazo, pero es que además, hay que tener fuerza. Y el chino, aparentemente, no va muy bien de eso. Así que, con toda mi buena intención, le dije: "fuerte, más fuerte". Entusiasmado, me hizo caso: haciendo acopio de todas sus fuerzas, flexionó las piernas, alargó el brazo y comenzó el movimiento en plan látigo...

...latigazo fue la hostia que se pegó en la nuca a sí mismo, con el balón. Uno de esos balonazos que aturden. Y entre la conmoción y la grandeza de la conservación del movimiento, su cabeza giró con violencia contra el suelo, ayudada porque había realizado un pequeño salto y no tenía componente de rozamiento contra el suelo. La siguiente imagen que tengo es la de la cara del chino estampándose sobre la línea de tres. Qué hostia.

Al final, estos chinos son más duros de lo que parecen. No ha perdido ningún diente, y solo sangró abundantemente de la nariz (que parecía rota).

Hacía tiempo que no veía sangre de otras personas a mi alrededor, pensé que ya había perdido ese don de sembrar el caos y la destrucción a mi paso. Me alegra saber que sigo igual.



ANDN Club 5 de Febrero

Puede que a la tercera sea la vencida. la primera sesión tuvo lugar durante una de las fiestas de ANDN, la segunda tras el concierto de The Puzzles, ambas ocasiones saldadas con una extraordinaria afluencia de público. Pero como amante de los retos que soy, vuelvo a los platos del Metropole en un anodino viernes de febrero, en plena época de exámenes universitarios, cuando los pasos hacen eco al caminar por la calle.

Y el compañero en esta ocasión será Stoner, el azote de promotores de conciertos, el hombre que conoce, departe, se emborracha y se fotografía con TODOS los músicos del mundo, el adorador de The Posies y antifan confeso de Los Planetas. Por este motivo, alejaré de su alcance los bordes afilados de los Cds cuando pinche, porque será una velada apasionante: Ken Stringfellow Vs. J. La noche promete. Y como siempre, entrada gratuita.



Pub Metropole
C/ Sol-Carmen (Santander)
de 23:00 a 3:00









ANDN Club 8 de enero


Este viernes a partir de las 23:00, si el tiempo lo permite y la autoridad no lo impide, The Puzzles nos deleitarán con un concierto acústico en el Metropole. Y tras el acontecimiento musical de la semana en Cantabria, una nueva sesión de ANDN Club, esta vez con DJ MazingeRT Z y dunker dj (no jedi).

Bajo el sobrenombre de MazingeRT Z se esconde un Artista ecléctico, un Hombre Renacentista, un Creador Total que con sus fotos te deja el culo torcido y te endereza el espinazo con sus sesiones de DJ ya legendarias en la noche santanderina. Pero esta vez se enfrenta a un reto supremo: pastorear la vuelta a los platos de dunker.

Tras casi cuatro años de silencio, ¿quién dijo que en el 2.010 salíamos de la crisis? Porque, en efecto, aprovechando el primer permiso penitenciario tras la pena que le cayó por su anterior pinchada (con el segundo tema fundió los plomos del local; las vecinas ancianas salían a la ventana gritando "que vienen los rojos, QUE VIENEN LOS ROJOS"), dunker vuelve al Pub Metropole (El Lugar de Los Hechos, La Escena del Crimen) respaldado por la unánime acogida de crítica y público de la anterior (y única) sesión. Sí, sólo he dicho unánime.

Entre espumarajos por la boca y un inquietante temblor en las manos, nos confiesa que sonarán, entre otros, Klaus&Kinski, Albert Hammond Jr, Lori Meyers, New Order, Sr Chinarro, The Strokes, Delorean, Placebo, Deluxe, Franz Ferdinand, La Bien Querida, Primal Scream, Estereotypo, Manic Street Preachers, We are Standard, Depeche Mode, Templeton, The Sounds, The Sunday Drivers, Editors, NajwaJean, Massive Attack... ah, y Los Planetas, claro. Cómo se me podían olvidar Los Planetas.

Pub Metropole
C/ Sol-Carmen (Santander)
de 23:00 a 3:00
¡¡Entrada gratuita!!

¡Robo! ¡Robo!


- Fragiskos Alvertis, pin. Recuerda lo que te digo -me dijo V.-.
- Haz caso a V., pin -apoyó C.-.
- Arturas Karnisovas -respondía yo por toda defensa-.

V. y C. eran compañeros de equipo, y estábamos concentrados en un hotel por la disputa de la fase final. Tuvimos la mala suerte de que dicha fase final se jugara en una ciudad a apenas 100 km de la nuestra, aunque si bien podíamos ir y venir en autobús, consideraron que merecíamos compartir hotel de concentración con el resto de equipos... Masculinos y femeninos (pero esa es otra historia). Paradójicamente, durante la temporada tuvimos que jugar en ciudades que estaban a más de 300 km y nadie dijo ni pío cuando íbamos y volvíamos en el día.

Se dio la circunstancia de que nuestra fase final coincidió con la Final Four de ese año. Así, estábamos concentrados en una habitación para ver el Barcelona-Panathinaikos. En las jornadas anteriores ya nos habíamos reunido antes de marchar hacia el pabellón, una hora antes más o menos. El capitán J. tomaba las riendas de la arenga, comentaba un poco el rival y recordaba lo que nos había comentado el Mister en el entrenamiento. La táctica del Mister, T., solía reducirse a balones a B., solo que con matices y eufemismos. Curiosamente, ambos han hecho carrera; T. en despachos, donde ha llegado a cargo federativo, y B. a jugar profesionalmente en la segunda mejor liga del mundo.

Como colofón a la charla táctica interna, antes de coger las bolsas con la equipación y dejar la habitación todos juntos, sonaba el tema The eye of the tiger. Bueno, también poníamos el contrapunto festivo con una grabación de un concierto de Antonio Flores (Anthony Flowers) completamente colocado, donde gritaba "Vamos a hacer.. ehh.... un concierto ¡de más a menos!" y se oía de fondo "¡Dirás de menos a más!". Epatante. Y así íbamos al pabellón, entre orgullosos y épicos, y descojonándonos y relajados.

En la charla también solía intervenir EC., que por edad e historial deportivo nos servía de referencia. EC. en realidad se llama J. pero para no confundirlo con el capitán, lo llamaremos EC. (Enano Chingón). Ese fue el nombre con el que le bautizó C. Un día, tras un partido en Burgos, mientras esperábamos a coger el autobús y hacía un frío del carajo (además era enero), nos refugiamos en un bareto de mala muerte donde a base de vinos y bolsas de matutano conseguimos coger media borrachera y varios posters de regalo del Granada-Dakar que daban con las patatas fritas. La vuelta fue apoteósica, con EC. dando saltos mortales en el interior del autobús, poniéndose de pie en el respaldo de los asientos y lanzándose contra los asientos del fondo donde estaba parte del equipo (los más borrachos). Todo era mirar hacia atrás y ver a EC. volando de un asiento a otro al grito de "¡Cabrones!!". Aún hoy no estoy muy seguro de por qué surgió el nombre, pero el vino peleón suena a buena explicación.

En fin, que estábamos todos allí reunidos viendo el partido. Y llegó el fatídico y famoso final:





La visión de los últimos momentos del partido me hicieron emitir un sonido similar al grito de auxilio de un cerdo acorralado por el fuego. El bocinazo final significó la explosión de júbilo de los antibarcelonistas. Los culés todavía estábamos perplejos. El partido estaba perdido. Los puntos de Albertis, la caraja del Barcelona y Montero, el no-tapón de Vrankovic y la actuación veleta arbitral. Ni Karnisovas ni hostias: Derrota.

E., flemático y templado por lo general, pero capaz de lanzar un triple de nueve metros cuando iba solo en contraataque si se sentía ultrajado por algún lance anterior del juego, proclamó: "¡Sois todos unos hijos de puta!" y se marchó dando un portazo. En realidad, su insulto tuvo el efecto contrario, y en lugar de mitigar los ánimos y hacer recapacitar por su comportamiento a los merengones, estos terminaron retorciéndose de la risa, por el suelo, con lágrimas en los ojos.

V, en mitad de todo ese fragor, me hizo un aparte y me susurró: - Fragiskos Alvertis, pin. Te lo dije.



PD: Tomando como referencia el (mega)blog de Lucio Angulo y con una foto que me ha pasado Kang hace poco, he pensado: yo también puedo.






i majuno


Tuve un profesor de informática de procedencia sudamericana y sentido del humor bastante excéntrico. Su

"i" dopuntoh igual a "i" majuno

se me ha quedado grabado para siempre. Y su primera clase de programación, con El (impagable) Ejemplo de los Vasos (léase con acento valdaniense):

Tenemoh un vaso de agua y un vaso de vino y queremo intercambiar su contenido. Evidentemente no podemo hacer esto.

y hacía como un malabarista con las manos, lanzando el contenido de los imaginarios vasos al aire y recogiendo los líquidos con los recipientes cambiados. Y se quedaba con una sonrisa de gato de Cheshire esperando nuestra reacción, que consistió en cerca de doscientas caras estupefactas y alguna tos seca nerviosa.

Todo esto viene a cuento de un pequeño pasatiempo que he realizado hace un par de días, consistente en contar cuántos múltiplos enteros positivos hay del número 3333 con la propiedad de que ninguno de sus dígitos se repite, y ningún dígito es igual a cero. El aburrimiento y unas hojas excel obtuvieron como resultado 908. ¿Alguien más se aburre?




Cartel polémico



Ahora ya sé que mis dibujos nunca podrán estar expuestos en una marquesina...




Granada: Un buen día (y medio) - Toma 2

El día amaneció pronto en la habitación 116, la utilizada por Caleb y Amoroso. La cafeína de las cocacolas light se hizo sentir y si bien se habían acostado sobre las 7, a las 10:30 Amoroso ya estaba en la ducha. Mientras tanto, Caleb se quería morir: una fina película de sudor frío le cubría de pies a cabeza, con acelerones irregulares en su ritmo cardíaco. Padecía lo que posteriormente denominó Blas como "una pálida de libro". El afectado tuvo que asomarse por la ventana para tomar el fresco y se entretuvo mirando a un par de muchachas de apariencia árabe que pedían limosna. "Me cambiaba ahora mismo por ellas", pensó Caleb; "me muero, me cago en la puta..." a duras penas articuló. Por fortuna para él, en cuanto pudo disponer del servicio pasó lo peor, encontrándose media hora más tarde afeitado, duchado y con mejor cuerpo.

Blas, Caleb y Amoroso decidieron dar una vuelta por la ciudad antes de comer, mientras que Demetrio prefirió seguir planchando la almohada con la oreja; éste, animal nocturno, no encontró otro momento mejor para inspirarse en sus disertaciones sobre la vida que las 7 de la mañana, la hora de llegada de la noche anterior. Cuando, según sus propias palabras, "más brillantes estaban siendo mis razonamientos", se percató de que Blas llevaba dormido varios minutos, tal y como delataba su regular ritmo de respiración y el hilo de saliva que se deslizaba plácidamente por la comisura de sus labios. Frustrado, se refugió en la lectura de un libro, lo que le llevó a retrasar el abrazo de Morfeo casi una hora, motivo por el cuál declinó la oferta para dar un paseo matutino ("iros a tomar por culo" fue su respuesta exacta cuando le preguntaron al respecto).

Los tres fueron callejeando y realizando compras ocasionales. Así, Caleb se compró una camiseta porque la de la noche anterior olía a perros muertos y solo le quedaba limpia una del grupo de K y "sería de paletos encontrarse con Él nuevamente llevando esa camiseta". Por su parte, Amoroso también compró algo de ropa y una pantera de bronce de recuerdo (???).

Ya con Demetrio reintegrado al grupo, comieron en una terraza; aún hoy están esperando unos daiquiris que ofreció el camarero, buen conversador pero mal profesional. Volvieron al hotel donde echaron una siesta de pijama y orinal, saliendo con el tiempo justo para visitar el Amador antes de la cena.

Siempre voy al Amador, por si apareces.


El local en sí era curiosillo, como el típico bar de vinos pero con abundancia de color negro y flyers de conciertos: la fauna lógica del lugar podría haber sido gafapastas jugando al dominó. Nuestro cuatro protagonistas se asentaron en una esquina del local donde tomaron una ronda y una tapa, para ir entonando el estómago. La peculiar distribución del bar les permitía observar a través de las ventanas a las viandantes mientras apuraban sus consumiciones, lo que dio pié para retomar la conversación sobre la belleza intrínseca de la mujer granadina.

Tras consultar sus relojes y comprobar que aún les quedaba tiempo para otra ronda, pararon en la Casa de la Gamba. La retransmisión de un partido de baloncesto dirigió la charla a este deporte, donde Demetrio desplegó su retórica hasta el punto de que Blas estalló: "Pero qué cojones me estás contando, Demetrio, que yo sé mucho más que tú de basket y me estás haciendo callar!". No volvió a salir el tema Ricky Rubio en toda la noche.

Con media hora de retraso (los 10 minutos de siempre de Demetrio) por el colapso en el servicio de taxi de la ciudad, llegaron a la Ruta del Veleta, famoso restaurante local. El sitio en sí era demasiado recargado, con miles de jarras colgadas del techo ("con la suerte que me caracteriza, si se cae una jarra será la que está encima de mí", auguró Blas). No fue así. No obstante, tuvo que pasar un mal trago (y nunca mejor dicho) cuando él fue el encargado de (a)probar el vino; en cuanto Amoroso y Demetrio mojaron sus labios se percataron de que estaba algo frío. Hay un proverbio no escrito que dice 'La barrera que separa los snobs de la gente normal es que pueden discutir porque el vino está dos o tres grados por debajo de la temperatura recomendada'. Y así fue, tanto insistieron con el "cómo coño no le has dicho al camarero que estaba frío" que Blas se cabreó. Volcó su ira contra el camarero, que le dio la razón, pero la botella de vino no se movió de su lugar. A media cena ya se había olvidado todo. A la hora de las copas, Demetrio pidió un "Agochemuit" a lo que el camarero solo pudo responder "¿el qué?"; Demetrio, impaciente, respondió de malas maneras "Es esa botella verde de allí!". Seguramente la extraña espuma que traía el whiskey (porque el Agochemuit al parecer es un whiskey) y los 12 euracos que costó fueron la dulce venganza del camarero. Asimismo, el resto de la cuenta también fue demasiado cara para lo que habían cenado.

La vuelta a la ciudad se saldó con un nuevo extravío debido a que en lugar de dirigir al taxista a la calle Sol (que es a donde iban), Demetrio tuvo la ocurrencia de dictar una esquina próxima, no la exacta. Otros diez minutos de retraso innecesarios. Volvieron al Ruido Rosa, lugar que les había dejado un buen sabor de boca la noche anterior. Esta vez no estaba K, de hecho había menos gente que el día anterior. Con la tercera ronda acabaron las existencias de cocacola light; según confesó la camarera fashion, en ese local no estaban acostumbrados a tal demanda. Lo mismo les ocurrió en el Sugar Pop, donde nuevamente mataron la noche tras una brevísima estancia en el Peatón. Curiosamente, en dos noches de bares por Granada solo habían pinchado un tema de Lori Meyers, el otro gran grupo de la ciudad.

Al día siguiente, los mil kilómetros de vuelta fueron atroces para todos excepto para Amoroso, de buen humor y fresquísimo.



Granada: Un buen día (y medio) - Toma 1

Después de nueve horas y mil (1000) kilómetros con solo una parada en Valladolid para recoger a Amoroso (le llamaremos Amoroso) y dos paradas en la tierruca para recoger a Blas (Blas) y Caleb (Caleb); el coche, conducido desde una ignota población norteña por Demetrio (Demetrio), llegó a Granada, punto de destino del viaje relámpago. No obstante, la entrada en el hotel se demoró casi una hora porque Demetrio se empeñó en girar a la izquierda en un cruce cuando el sentido común y la tecnología (geoposicionamiento global por satélite) decían lo contrario, desembocando en una espiral de calles de sentido único que crispó los cansados nervios de los otros tres integrantes del grupo. Cuarenta y tres minutos de reloj más tarde, que en palabras de Demetrio realmente fueron "diez minutos callejeando por un pequeño despiste", firmaron en el hotel y fueron a las habitaciones a dejar las maletas, para asearse un poco y salir inmediatamente. Con las prisas, Caleb confundió el orden de las reglas de higiene elemental, aplicándose el desodorante en el sobaco y lavándose después.

La primera parada de la noche era el conjunto arquitectónico de la Alhambra, idea de Demetrio como contrapunto romántico-cultural al fin de semana de excesos. El taxi, pilotado sabiamente por un hombre que mientras conducía reposaba su axila sobre la portezuela del coche y con conversación lenta e ininteligible -un clásico en Granada-, serpenteó a toda velocidad por las calles de la ciudad hasta las puertas del complejo donde, ya a pié, continuó la loca carrera por entrar antes del cierre (las entradas se reservaron para las 22 horas y habían pasado ya 19 minutos de esa hora). Con tantas prisas, Amoroso se extravió y se acopló a un grupo de turistas ingleses. La diferencia de lengua no le resultó extraña ni que no estuviesen en el grupo ninguno de sus amigos, porque éstos tuvieron que volver atrás a por él. Finalmente entraron en los Palacios Nazaríes donde estuvieron paseando durante cerca de una hora, comentando la exhibición de fuerza y destreza de las tallas en mármol (aunque "son muchos metros cuadrados, se podría negociar un buen precio") e intentando en vano hacer una fotografía digna sin flash.

Con los ecos de fondo de un par de espectáculos flamencos de Sacromonte, consideraron que ya estaba bien de embriagarse en la cultura de Al-Andalus y utilizar ese verbo en su contexto primigenio. La primera parada de la noche se produjo en el Antigualla, bar conocido -como muchos otros de Granada, por cierto- por que si pides un vino te dan de tapa un bocadillo (primeras) o una hamburguesa (segundas) o un sandwich (terceras). Cayeron las tres rondas. Un breve paso por un antro de aires cubanos en el que tuvieron ocasión de degustar un mojito bastante regulero fue la última parada antes de comenzar el objetivo del viaje: seguir la ruta indie de Granada con la esperanza de encontrarnos con algún artista local o al menos, escuchar buena música.

El Servicio de Documentación del Área de Organización del Viaje utilizó todas sus armas de investigación (buscar en Google) para llegar a la conclusión de que la primera parada debía ser el Ruido Rosa. Se produjeron unas breves escenas de pánico cuando al recorrer de principio a fin la calle Sol no se localizó el bar, aunque en una segunda batida con los ocho ojos bien abiertos consiguieron distinguir la entrada, que se encontraba en un sótano.

He bajado en la moto hacia los bares de siempre.



Durante toda la tarde habían fantaseado sobre un posible encuentro con el gran gurú K (le llamaremos K), que si resultaría imposible encontrarse con él por ahí, que si no tiene otros pitos que tocar. Pero nada más abrir la puerta, pese a que el bar estaba prácticamente lleno, Caleb susurró: "Ahí está K. Al fondo. Creo que es él." Blas fue incapaz de seguir las indicaciones visuales de Caleb, que afinó más: "Es K. Fijo". Solo cuando K, para ganar la posición junto a un grupo de féminas, empezó a taladrar con los codos la espalda de Blas, este tuvo que reconocer que, efectivamente, era Él. En defensa de la vista de Blas, hay que dejar constancia de que el Artista despistaba un poquito porque está experimentando un arriesgado nuevo look con barba rala.

Caleb y Blas, fans declarados del grupo de K. no cabían en sí de gozo (“El primer bar de la lista, el primer día y nos encontramos con Él!”), mientras que Amoroso y Demetrio se mostraron más escépticos. “Qué feo es”, comentó el primero. Demetrio fue más allá del simple aspecto físico y discutió su elegancia: “El llevar camisetas de manga larga denota una alarmante falta de estilo. Además, la que tiene puesta parece un pijama.” Sea como sea, K, ajeno a estas críticas, se estaba trabajando pacientemente a una señorita objetivamente bien parecida e indiscutiblemente de metro ochenta.

El resto de la concurrencia llevaba discretamente la presencia del divo, excepto unos personajes claramente foráneos que, emocionados, solicitaron un autógrafo de K y cruzaron dos frases con Él. Blas y Caleb intercambiaron opiniones sobre la fama y la paciencia, pero en todo caso se jactaron de que ellos no eran del tipo de gente que irrumpe en las conversaciones de nadie (por muy ídolo tuyo que sea), y mucho menos cuando a todas luces está comiendo la oreja a la tipa más llamativa del lugar.

Los minutos fueron pasando apaciblemente, entre combinados de alcohol con cocacola light, negociaciones de Amoroso con la camarera fashion sobre el precio de la quinta ronda o, en su defecto chupito gratis, y una discusión sobre el origen del nombre del local (Ruido Rosa) sobre el que se concluyó que era una especie de homenaje a Pink Floyd porque de PigNoise seguro que no. De pronto, de la nada apareció una chica frente a Caleb con un papel y un bolígrafo, y le solicitó un autógrafo. Estupefacto, no se le ocurrió preguntar más que “¿Por qué?”, a lo que la sorprendida muchacha respondió “Bueno, eres el cantante de Los Planetas, ¿no? Mi amiga, que está ahí, me ha dicho que te pida un autógrafo, es muy fans tuya”. Caleb se lo tomó a risa “Jajaja. No, yo no soy K. Es ese de ahí”. La muchacha viró en un segundo hacia donde le indicaba el dedo de Caleb y solicitó una dedicatoria al músico, que estampó una enorme k mayúscula y un garabato. Puede que la euforia de la quinta ronda fuese la gran culpable, pero Blas y Caleb, olvidando sus propios principios, se abalanzaron sobre K y rompieron a hablar con Él. Caleb le explicó el viaje de mil kilómetros que acababan de realizar, el malentendido del autógrafo y que habían venido a ver si se encontraban con alguno de ellos (Demetrio murmuró entre dientes "...no solo a eso, joder"), mientras que Blas, exultante y con afán de protagonismo dijo que era a él a quién le habían confundido con K y que “hemos venido escuchándoos todo el camino”. El Artista, lacónico como siempre, respondió a esto último: “Buena elección”. Fueron sus únicas palabras en la conversación, mostrándose no obstante sonriente y divertido. Puede que el motivo de su felicidad fuese que, un minuto después, saliese del bar de la mano de la tipa que tan (aparentemente) bien se había trabajado. “Qué crack” tuvo que reconocer Amoroso.

Mientras pasaba la emoción del momento, Caleb se fue dando cuenta poco a poco que no había nada de lo que enorgullecerse por haber sido confundido con K, hombre de talento pero (muy) poco agraciado por no decir que es unos 20 cm más bajo, una decena de años más viejo y bastante perjudicado por la noche granadina. Pero lo más triste para él es que no fue el único que se percató de esa circunstancia, ya que un grupo de muchachas lo habían visto todo y se estaban muriendo de risa. A su costa, además. Se aproximaron y entablaron una alegre conversación sobre el perfil griego de K y su caída de ojos e ironizaron sobre la leyenda urbana (vía foro del FIB) del energúmeno que había cedido su novia al Artista para que éste gozara de sexo oral. Más tarde, para compensar las burlas iniciales, simularon pedir un autógrafo a Caleb para que recuperase su autoestima, pero el mal ya estaba hecho y el disgusto le duró una hora. Afortunadamente la ingesta de alcohol iba viento en popa y cuando en el Ruido Rosa cerró, fueron todos bastante animados al Sugar Pop a continuar la noche.

Hay que destacar que durante la estancia en el Sugar Pop se volvió a dejar ver la grouppie escultural pero esta vez de la mano de otro tipo, lo que llevó a Amoroso a exponer sobre la marcha una complicada teoría sobre la potencia sexual de K. El propio Amoroso se estaba haciendo el amo de la pista cuando el reloj marcaba más de las seis de la mañana y el contador de ron con cocacola había superado cómodamente las dobles figuras por persona. En ese momento, los otros tres integrantes del grupo consideraron oportuno comer algo en uno de los miles de Kebabs abiertos a esas horas. Finalmente, tras un pequeño paseo "de 10 minutos" (Demetrio dixit) llegaron al hotel donde durmieron el sueño de los justos.


Fallas 2008 (avance)



Acojonantes. Próximamente, más...

Brigitte

Magnífico. Sentada en un sofá lleno de migas, en bragas y una camiseta usada, esperando a que se me seque el pantalón, el sujetador y la camiseta junto a una estufa. Qué hijo de puta! Podía haberme dicho que se encontraba mal antes de empezar a enrollarse conmigo. Pero no... bueno, jejeje, le he estado provocando toda la noche. Alber es un cabrón, pero está bastante bueno. A ver si se le pasa un poco la borrachera y vuelvo a la cama con él... Pondré la tele, mirar cómo se seca ropa frente a un radiador no es nada divertido.

Basura de programación.... Se ha abierto una puerta? Estará Alber ya recuperado?

- Ehm... Hola?

“Hola”. Debe ser uno de los compañeros de piso de Alber. Joder qué pinta de sobao tiene... mpprfffff, menudo esquijama de abuelete que lleva. "Soy... amiga de Alber. Me llamo Brigitte..."

- Brigitte! como una canción de Los Planetas!!

Vale, es un friki.

- Yo soy dunker. Bienvenida a este antro inmundo.

Parece que se va despejando un poco, se ha dado cuenta de que está en pijama y tiene legañas como puños junto al lagrimal. Creo que se ha arañado la cara al retirar alguna de ellas con el dorso de la mano.

- ...puta mierda...

Sí, en efecto, se ha hecho daño. Se acerca a darme dos besos. Qué alto es, no me había dado cuenta sentada en el sofá.. Joder, qué caliente tiene la cara. Este estaba como un tronco. "Perdona por despertarte al encender la tele..."

- No, no me has despertado. Me había...

Me mira las tetas. Entorna los ojos. Se acaba de dar cuenta de que no llevo sujetador y que bajo la camiseta solo llevo bragas. Jajaja, se ha ruborizado un poco... ya se recompone.

- ...ehm... me había... despertado para ver un partido de baloncesto.

Puto friki enfermo... "En qué cadena lo dan? Cambio si quieres..."

- Lo dan en canal plus, pero no, no hace falta que cambies. Tengo un programa en el ordenador para descodificar la señal.

Se siente extrañamente orgulloso cuando me lo dice. Lleva un rollo de cable en la mano. "Y ese cable, para qué es?"

- Ah, es un cable coaxial. Tengo que conectar el pc a la antena para que llegue la señal a la cpu y así el pubs pueda desencriptar la imagen codificada.

¿En qué garito de nerds estoy metida? "Qué… interesante.”

- Sí, ya… bueno… esto… y hablando de todo un poco, cómo es que estás aquí semidesnuda?

“Jaja, bueno, es una historia un poco larga, pero se resume en que el borracho de tu amigo Alber me ha echado la pota encima”.

- Ahora que lo dices, sí. Huele a vómito… Tienes frío? Quieres una manta?

Qué majo. “No, gracias, estoy bien así.” Voy a darle un poco de conversación, me aburre la tele. “Cómo es que no sales un sábado por la noche?”

- Bueno, es junio, hay exámenes y hay gente que estudiamos, no como el cabrón de Alber y su prima Celia. Celia es nuestra otra compañera de piso.

“No sales por ahí pero te levantas de madrugada a ver un partido de baloncesto. Curiosa escala de valores…”

- Hombre, he ajustado mis horas de estudio para que el partido entre dentro del ocio destinado al día. Por otro lado, claro que me gustaría emplear mi tiempo de diversión en otras cosas, pero…

Voy a provocarle, es majo y no está mal… “A qué… otras cosas… te refieres?”

- Jajaja. Esa es una frase digna de peli porno! Jajaja… cof, cof..cof, jaja

“Jajaja”. Me ha pillado y se muere de risa, aunque casi se ahoga con su propia saliva. “Para que esto fuese una película porno no deberías llevar ese pijama cutre del mundial 82, jajaja”

- Cof,cof, jajaja. Ya, ni tu una camisa de Alber de whiskey DYC. Y también faltaría la musiquilla chingona de fondo: chin-tachum-tks-tks-chin-tachum-tks-tks…. Jajaja. Luego viene la mítica escena de los azotes en el culo, así.

“Jajaja”. Está imitando la música y se pone a hacer poses con un brazo en la cadera y el otro golpeando unas nalgas imaginarias. Pone cara de salido, sacando morritos. “Jajaja, para, por favor, que me meo, jajaja”

- Qué culo tienes, guarra. Hummm… Te gusta, eh? Plas, plas.

“Jajaja”. Qué bueno. Se sienta a mi lado, también se está partiendo de risa. Me calmo poco a poco, y le miro. Hum.. es guapo. Se da cuenta de que le miro de una manera distinta. Y me sonríe.

- Tú con Alber.. qué?

“Viene a clase conmigo, hoy hemos tonteado un poco, pero nada más”. Le respondo y le miro a los ojos sonriendo. Me acerco a besarle y… me acepta. Bien. Hum.. nos estamos enrollando, esto va muy muy bien, me gusta… Creo que va a acabar la noche fantásticamente.

- Ahora vengo…

Me guiña el ojo y se va a su habitación. Supongo que va a por condones. Me voy a desnudar para esperarle preparada, voy a darle una sorpresa, jijiji.

- Pero… Qué haces desnuda?

¿Cómo…? No jodas… “Esto… yo creí…”

- Jajaja. Vaya cara de flipada que has puesto! Era broma, tonta. Ven aquí…

“Eres un hijo de puta, jajaja. Ven tú…”. Y viene. Y me entrego a los sentidos, a experimentarnos, a disfrutar.



Vaya, vaya, vaya con el friki. Quién lo iba a decir con esas pintas. Qué bien, ahora relajados, tumbados en el sofá, aún desnudos… Y ese ruido? Alber?

- Coño, debe ser Celia!

Apenas nos ha dado tiempo a taparnos los genitales y vemos a una tipa gorda… seguida de un tío feucho.

- Hola, Celia. Sí, esto es lo que parece y… coño, Diego, qué cojones haces tú…

Se ha iniciado una negociación por un pacto de silencio. Al parecer, Celia se había despistado y no contaba con que hubiera nadie en el piso. Resulta que Diego es un amigo de Alber y, claro, el pacto de silencio es porque Diego tiene novieta desde hace años. Menudo putiferio va aquí… bueno, tampoco soy la más indicada para hablar.

Celia y Diego van a la habitación de ella, en silencio. Mi ropa ya está seca, tal vez será mejor que me vaya. Oh, oh… se ha despertado Alber. Dunker se mete silenciosamente y a toda velocidad en su habitación, jojo, es como un ninja!

- Brigitte?

“Sí, estoy aquí”. Diez minutos antes y nos pilla en pelotas.

- No me encuentro muy bien. Te puedes quedar a dormir si quieres, pero mayormente como que no estoy muy por la labor…

“Vale, lo entiendo. No te preocupes. Otra vez será. Además mi ropa está ya seca, ves?”.

- Bueno. Un beso de despedida?

“Mejor no, no te lo tomes a mal, pero ya llevo el olor a pota en la ropa, gracias.”

- Oh, bueno, jeje. Ya... no pasa nada.

“Tranquilo, vete a la cama, tienes mal aspecto. Me acabo de vestir y me voy. Sí, sí. Descuida.” Finalmente se va. Acabo de vestirme y me dispongo a marcharme. No oigo nada en ninguna habitación. Voy a despedirme de Dunker. Llamo a la puerta muy suavemente. Nadie abre. Tal vez no me ha oído. Abro la puerta. En la pantalla del ordenador se ve a un negro con bigotito, trencitas en el pelo y tatuajes hasta en el cuello. Los que parecen sus compañeros de equipo le están felicitando. Dunker aparenta dormir plácidamente, sonriendo.


Grupo de enlace

Esta historia sucedió un par de años más tarde que el affaire Terrano, Jack Daniels & Reggeton. En esta ocasión, me había desplazado junto a un amigo imaginario a una localidad (a 150 km de casa) que se encontraba en fiestas patronales, de las cuáles nos habían hablado muy bien en términos lúdicos y/o sexuales (hasta el más feo follaba, al parecer). Y allí nos plantamos.

El ritual se iniciaba al atardecer, en un camping, donde toda la chavalería se arrejuntaba haciendo acopio interior de sustancias líquidas, sólidas y gaseosas; más tarde, una vez caída la noche, toda la manada acudía a la zona de bares local. Contábamos con la inestimable ayuda de un grupo de enlace infiltrado en la zona de acampada, ya que, compromisos laborales de mi amigo (llamémosle Alfredo) le exigían trabajar la mañana siguiente y, por tanto, no podíamos dormirla allí. Vistos los cojones claro que es macho, pero en aquel momento no advertimos la temeridad de iniciar una noche loca con una incierta vuelta a casa, aunque confiábamos en el servicio de autobuses y la flota de refuerzo que habían dispuesto para cubrir las necesidades del evento.

En el camping lo suyo era sentarse frente a las tiendas, beber calimocho, comer matutanos y fumar porros, lo cual hicimos con fruición para integrarnos en el ambiente. Se dio la feliz coincidencia de que frente a las iglús de nuestro grupo de enlace se encontraba un puñado de tipas, algunas de ellas bastante potables, con las que enseguida establecimos contacto visual. Alfredo, en un visto y no visto, consiguió desaparecer en el interior de una tienda con una de ellas. Me bebí un buen trago de cali a su salud: "Ja! Ese es mi Alfredo", pensé, "y ahora me toca a mí". Había echado el ojo a una de ellas (llamémosla Ana) y ahí fui, gateando los tres metros que nos separaban hasta sentarme entre ella y una de sus amigas (llamémosla Belén), que no estaba mal: era más fea que Ana, pero tenía las tetas más gordas.

Animadamente transcurrieron los minutos, sintiéndome ingenioso, con chispa y con los primeros toqueteos de muslos en ese modo inocente que suele acabar con azotes en el trasero y pelos rizados entre los dientes. Si bien mis jueguecillos de manos iban principalmente dirigidos a Ana, que me seguía el juego, también tonteé con Belén y era esta última la que más establecía contacto físico con esa naturalidad tan descuidada pero tan bien aprendida. Como ya he dicho antes, esta anécdota es posterior a mi encuentro con Ainoha y Begoña, por lo que era bastante escéptico frente a la posibilidad de acabar la velada con ellas dos. Así que me centré definitivamente en Ana.

Había anochecido, señal para abandonar el campamento y mantener la borrachera en los bares. Ya tenía ganas de un Jack Daniels. Eché una última mirada a la tienda donde seguía Alfredo y sonreí al alejarme. El camping estaba a unos diez minutos a pie del pueblo, y el camino discurría paralelo a la costa. A los cinco minutos de trayecto, a la altura de una de las entradas a la playa, Ana me hizo un aparte y me susurró al oído: "Me da un poco de corte decírtelo, pero... Te gusta Belén? Porque tú a ella sí...". Jarro de agua tibia. Con el rabillo del ojo vi a mi pretendienta esperando la respuesta, que no pudo ser otra que: "Claro! Me gusta mucho!". Al poco, entraba de la mano de Belén en la playa, sonriendo y mirando sus tetas con descaro.

Encontramos una duna a nuestro gusto, con una pendiente apta para hacer locuras y sin hierbas puntiagudas de esas que te hacen mentar a la virgen María en el momento más inoportuno. Tras los besos y repasos táctiles sobre ropa, tomé sus pechos con las manos y ¡joder! eran las tetas más duras que he tocado en mi vida. Fantásticas. Decidí visitarlas con la boca, pero me llevé la amarga sorpresa de que sus pezones tenían una aureola con pelos demasiado largos para mi gusto. "En fin, qué se le va a hacer" me dije a mí mismo con profesionalidad.

De repente, Belén lanzó un grito que me acojonó: un puto voyeur nos estaba mirando. Era un cincuentón hijo de puta, muy veloz para su edad. Le arrojé un puñado de arena, con impotencia, acabando un buen número de esos granos en mis ojos y en mi boca. En la playa se escuchó un "Me cago en cristo!" muy sonoro, en el que reconocí mi voz, mientras me rechinaban los dientes al mascar arena. Ni que decir tiene que nos cortó el rollo, pero Belén decidió coger el toro por los cuernos y me bajó los pantalones limpiamente de un tirón. Me puso a tono rápidamente, y cuando eché mano de la cartera para buscar los condones me vino un flash mental: Alfredo me los había pedido! "Error de principiante por mi parte", pensé, "soy subnormal", añadí. A ella no pareció afectarle que no tuviera condones, y me animó a que me la follara a pelo; uno tiene sus principios y si no me gustan, los cambio en función de las circunstancias, pero pensar en la posibilidad de aparecer con un sarpullido en el rabo a los pocos días o un churumbel a los nueve meses, hicieron que me mantuviese firme. No me hizo caso; se bajó las bragas y me iba a cabalgar. Me revolví y la llamé fascista, que eso no era plan y que "yo tengo principios, ¡principios!". A ella le emocionó mi rectitud y comenzó a llorar. Sin saber muy bien qué hacer, me acerqué a ella y la pregunté qué pasaba. "Es que tuve una experiencia muy mala con un chico" confesó, "abusó de mí, y encontrar a gente como tú, para la que no todo es follar por follar, hace que me emocione". "Perfecto, la ha cogido llorona" valoré mentalmente, "que esto te sirva de lección para que otro día seas el amigo de los niños y vayas regalando los condones. Subnormal".

Totalmente flácido, fuimos a la zona de bares, parando en una esquina del camino donde meé durante lo que me pareció una eternidad. Dejé a Belén con sus extrañadas amigas (tenía todo el maquillaje corrido) y me fui. Merodeé el resto de la noche, rumiando (una vez más) mi mala suerte y cogí el primer autobús de vuelta. Alfredo no me cogía el móvil; bueno, triunfó uno, triunfó el equipo. Aquella tarde hablé con él. Había llegó 3 horas tarde al trabajo por la mañana, con una resaca de espanto. Me agradeció los condones y como respuesta lancé el móvil contra el suelo.


Terrano, Jack Daniels & Reggeton

Era, como no podía ser de otra forma, un sábado por la noche. Jack Daniels con hielo. Chicas monas. Yo solo, sin amigos. (En este punto abro un pequeño paréntesis para aclarar que me toca los cojones el bote. Estoy totalmente en contra de los botes. En mi nivel de odio tutea a los cabrones que rompen retrovisores y a los tunos. El tonto de los cojones que lleva el bote siempre se encuentra con miles de conocidos y tienes que esperar a que acabe de decir bobadas... puto subnomal... Por este motivo, me suelo descolgar en época de berrea del grupeto del bote. Y así bebo lo que me apetece cuando me apetece, sin tener que esperar a naiden!)

En eso que me fijo en una esquina del bar, donde dos tipas están montando un pseudonumerito lésbico con una canción putamierda de esas del reggggggeton. Con una erección prometedora y 5 bourbons templando el estómago, apuré de un trago los 3/4 del sexto Jack Daniels, consiguiendo que me llorasen los ojos al tragar al mismo tiempo tres hielos semidesechos. Tras casi perder el equilibro tres veces por las babas supuradas por una horda de pestilentes mozos bajados de las montañas (de estiercol), hice lo que ninguno de ellos pudo imaginar: hablar con las chicas. Al fin y al cabo, son solo tíos sin pito y con tetas, y yo no huelo a mierda de vaca, ¿qué me podía pasar?

Las hice una breve inspección visual: la alta (la llamaremos Ainoha) lucía un vestido blanco ajustado, generoso en escote y era de las que bailan con los brazos hacia arriba y la cabeza a un lado, moviendo las caderas. La baja (la llamaremos Begoña) era más perrofláutica, lucía tatuaje y ombligo, pero en plan higiénica y con sobacos depilados. El corte de flequillo con cuchilla me da(ba) un poco por el saco, pero estaba bastante buena y su baile era estilo "estoy cabalgando, pero me encantaría que fuese encima de una polla". Perfecto.

Con la facilidad que te da una castaña llevadera y un saber estar innato, comencé a camelármelas con una suave cadencia digna de un barco navegando en un temporal con mar arbolada. No fumo cigarrillos, pero siempre me gusta pedir a las chicas para ver cómo los extraen de la caja con los dedos y si me miran a los ojos cuando me dan fuego. Si se quema medio cigarrilo por debajo es señal de que en menos de media hora estaré con el culo al aire y la espalda perlada en sudor. Pedí el tabaco a Ainoha, pero lo llevaba Begoña en su riñonera de lana (sic). Hablaron entre ellas al oído, porque la puta música tenía un volumen infernal. Supuse que Ainoha pedía el tabaco y el encendedor pero observé miradas furtivas hacia mí, risitas y algún aspaviento. Pasmosamente contemplé cómo al final de su conversación, se acercaron las dos; Begoña me dio el cigarrillo (con dos dedos, con las uñas hacia mí, como me gusta) y cuando lo tomé con mis labios, las tipas tenían sendos encendedores. Siempre mirándome a los ojos, me preguntaron: "¿quieres que te demos... fuego?". Yo las señales femeninas no las suelo pillar al vuelo, pero en esa ocasión vi claramente que aquella noche me podía consagrar definitivamente al cepillarmelas a la vez.

Hay un lapso que no recuerdo muy bien, probablemente porque me llegaba poca sangre al selebro y ya me preparaba mentalmente para el despliegue físico que se avecinaba. Sé que tomamos una copa más y que Ainoha estaba cachonda como una perra, y borracha, también.

Ganamos la puerta del bar atravesando el grupo hediondo sin resultar más lastimado que un codazo (supongo) accidental en las costillas y miradas desaprobatorias. Creo que alguno masculló un "Me cago en dios, ¿le molemos a palos?", pero me hice el despistado.

De camino al coche, estaba ya todo el pescado vendido: nos dirigíamos a casa de los padres de una de ellas (más tarde concluí que los de Ainoha), que la habían dejado venirse el finde con su amiga y allí se perpetraría sexo salvaje. Mientras ésta se tambaleaba peligrosamente buscando las llaves del coche en la riñonera de marras, Begoña metió su mano discretamente en uno de mis bolsillos traseros, y me magreó un poco el culo. Estúpidamente, no se me ocurrió otra cosa que decirla: "Eh! No me robes la cartera del otro bolsillo. Sé cómo es la gente de tu calaña" o alguna subnormalidad así que en la bruma etílica consideré el summun del humor de vanguardia. No obstante, la cara de Begoña se salió de rango, una mixtura de ira, sorpresa e incredulidad. Se dirigió hasta Ainoha y empezaron a hablar en euskera (creo), idioma que desconozco a la perfección, aunque alguna palabra suelta pillaba como "erchaina" o "cámpora". En ese punto estaba claro que a Begoña ya no me la follaba, porque se quedó a una distancia de unos 5 metros, acercándose Ainoha como mediadora. Se cayó dos veces en ese trayecto, pero cuando consiguió recuperar un equilibrio inestable más o menos duradero me confirmó que Begoña se iba a casa y que yo, si tal, me la follaba a ella nada más. "Qué la pasa?", inquirí. "Nada, que se le ha metido en la cabeza que te conoce de una cosa y... déjala, déjala", respondió, esquiva. Coño, pues yo no la recordaba de nada.

En la puerta del coche (un Terrano) volvieron a discutir y Begoña solo se quedó tranquila cuando cogió algo del maletero y se sentó en la parte de detrás, justo a mi espalda. Ainoha jodió dos coches en una curva tomada con demasiada agresividad, pero yo ni me inmuté porque ya me estaba familiarizando con las posibilidades de ese espacioso todo terreno. Aparcamos en la residencia y nuevamente discutieron. Metí baza yo, y dije que se fuese a casa y me dejase con Ainoha. "Eso es lo que quieres, no? Separarnos, crear discordia entre nosotras. Sí, ahora estoy segura de que eres quien creo que eres". Me lo tomé a risa, lo que la enfureció más y Ainoha tuvo que sujetar a Begoña, que no sé qué quería hacerme. Finalmente, la perrofláutica del flequillo se marchó a casa y nos quedamos solos en el Terrano Ainoha y yo. Comenzó la cosa muy prometedoramente, pero a los 15 minutos de preliminares la muy hija de puta dormía profundamente. La zarandeé, primero con sutileza y después como a una máquina que se ha tragado tu dinero, pero ni por esas. Bajé todo lo dignamente que pude del Terrano y pegué un portazo que casi lo hago volcar de lado, y aún así, la cabrona continuó como un tronco.

Tuve que reconocer, mientras me alejaba del coche, que otra noche más me volvía de vacío a casa, pero un taxi libre a la salida del parking de la residencia me hizo acabar la velada con una sonrisa. "Bueno, una noche curiosa", pensé. Llegué a casa, me masturbé y me dormí en calcetines.

Meses más tarde vi en un Telediario que habían detenido a un comando itinerante de ETA. Al mostrar las fotografías reconocí a Begoña, que era una de las detenidas. Fría, sanguinaria y no sé qué decían. Aún hoy no sé si estuve más cerca de morir o de follármela. A Ainoha la suelo ver de vez en cuando, en puentes o veranos. No nos hablamos, ni me mira a la cara. No sé si es porque estaba muy borracha y no recuerda aquella noche o porque siempre está pendiente de sus dos hijos, que corretean entre risas a su alrededor.


Ya no me asomo a la reja - Los Planetas





Comienzo el repaso de mis canciones favoritas del año. Y, como no podía ser de otra forma, la medalla de oro se la llevan Los Planetas con Ya no me asomo a la reja:

Como moro soy más moro.
Como cristiano, cristiano.
Como bueno soy más bueno.
Como malo soy más malo.
Soy más malo que el veneno.

Después de haberme llevado
toda la noche de jarana.
Después de haberme llevado
me vengo a purificar
debajo de tu ventana
como si fuera un altar.

Ya no me asomo a la reja
que me solía asomar.
Ya no me asomo a la reja,
me asomo a la ventana
que haya en la soledad
que haya en la soledad.

No sé si me iré a Ubrique
o me iré a Grazalema.
No sé si me iré a Ubrique
o a Alcalá de los Gazules
o a Alosno que es mi tierra.
No sé si me iré a Ubrique.

De oro barcelonés
un anillo te prometo.
De oro barcelonés
si dices por la mañana
ese que canta quién es
por la noche en tu ventana.

Ya no me asomo a la reja
que me solía asomar.
Ya no me asomo a la reja,
me asomo a la ventana
que haya en la soledad
que haya en la soledad.


McFarlane Toys, Art Toys y similares: Muñecos para adultos


Este artículo nace como consecuencia de una pequeña tragedia personal: Recientemente, visité un centro comercial y, en una tienda me encontré con esta preciosidad. Pensé “bah, por no llevarlo al coche ahora, lo compro a la salida“; cuando pasé nuevamente, al cabo de tres horas, lo habían vendido y ya no tenían más en el almacén. En efecto, sorprendente. Lo cual es un indicador de que los McFarlane Toys y similares, junto con los originales diseños de los llamados Art Toys han abandonado el nicho freak al que pertenecían (comics, rol, etc), poblando las estanterías de numerosas tiendas de discos, de ropa e incluso, de decoración.

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