Simetría, de Marcus du Sautoy


Tras el éxito que supuso la lectura de La Música de los Números Primos, tenía ganas de leer la nueva publicación de su autor, referente a la simetría. Hay que reconocer que es bastante más complejo explicar la simetría (desde el punto de vista matemático) que los números primos, por lo que intuyo que mucha gente no se enganchará. Además, las biografías y rarezas de los matemáticos (filón de "La música de..."), en este caso están menos explotadas, aunque siempre te encuentras con un genio de los números que lleva consigo en bolsas de plástico todos los horarios del transporte público de Inglaterra (!!!).

Desde el punto de vista numérico (y cito como gesto para los amantes de las estadísticas), choca saber que existe un ente matemático que tiene 808.017.424.794.512.875.886.459.904.961.710.757.005.754.368.000.000.000 simetrías (si no me he perdido al teclear), y como no podía ser de otra forma, se llama El Monstruo.

Las personalidades y vidas de matemáticos de éxito son un filón, la verdad. Pero lo que me ha puesto sensiblón es leer sobre alguna figura matemática y acordarme de tiempos pasados. Como los sólidos platónicos y aquel profesor que nos inició en su estudio. Genio incomprendido que luchó contra un ruso por hacer suya la descripción de un sólido compuesto de no sé cuántos cuadrados, triángulos y hexágonos, era un hombre capaz de hacer pelotillas con sus mocos en su bigote, mientras explica sistema cónico, y que sabía que el alumno de la tercera fila, de la segunda butaca, se estaba equivocando de solución con solo echar un vistazo en una orgía de líneas desde diez metros de distancia: "uhehmm... eso está mal; repáselo" Y sus exámenes, auténticos ejemplos de tortura medieval y expresión suprema de la maldad humana:
Sea un segmento que blablabla; dicho segmento es la diagonal de un pentágono que es la cara de un dodecaedro que blablabla, y a su vez, el icosaedro conjugado de ese dodecaedro es blablabla.
SE PIDE: los cuatro vértices del tetratedro apoyado en la cara del icosaedro conjugado más alejada de la línea de tierra.
Tiempo: 1 hora y 70 minutos.
Con dos cojones y recochineo. Eso sí, cada blablabla te hacía llorar como un niño pequeño. El examen duraba en total cerca de nueve horas: forjando Hombres de manera análoga a Saruman haciendo Uruk-hais.

También me ha enternecido recordar a Camille Jordan: cuando en los exámenes de Álgebra teníamos que calcular -entre otras muchas cosas- autovectores y autovalores (tan útiles en análisis dinámico de estructuras), el profesor nos daba tan poco tiempo para resolver los ejercicios prácticos que solo era posible hacerlo con su método: El Turbojordan. "El que quiera saber de dónde me he sacado el método de turbojordan, que pague; el que no quiera hacer el examen con mi método, va a suspender porque no le va a dar tiempo, jijiji". CABRÓN. Al final, con los años, viéndolo con perspectiva, me parecía un buen hombre.

Supongo que con estas anécdotas se explican muchas cosas de mi carácter.


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Segundo premio, de Los Planetas








Sentado esperando a que llames,
rezando por que des una señal,
los días cada vez van más despacio
y solamente puedo esperar.

Que vengas a explicar que todo ha terminado,
que tengas que decir que no me quieres ver.
Es imposible que hayas olvidado
lo que los dos podíamos hacer.

Y si esto que ha pasado
va a pasarnos otra vez,
y si todo ha sido en vano
no tienes que volver.

Mirando las paredes de este cuarto,
rezando por que vengas otra vez ,
y todo lo que habíamos hablado
es todo lo que vamos a perder.

Si nunca quise ser el único a tu lado,
si tuve miedo fue por que acabara así,
y todo el tiempo que he desperdiciado
se vuelve de nuevo contra mí.

Y si esto te hace daño,
si te puedo hacer sufrir,
ha servido para algo
al menos para mí.


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Romance de Juan Osuna, de Los Planetas.




He de reconocer que la primera escucha del EP (el tema lo escuché por primera vez en el concierto de hace mes y medio), no me entró. También es cierto que lo hice con unos auriculares que hacen parecer lujos asiáticos los que cuestan un euro en los autobuses ALSA. Pero en cuanto pude comenzar a reproducir el tema en condiciones, me conquistó. Creo que ya tengo canción del año y así mato dos posts de un tiro. La letra la he sacado yo porque todavía no he encontrado una fiable en internet. Se basa en la homónima de Manuel Caracol, pero difiere en algunas palabras (creo; con J todo es posible).


No hay flor como la amapola
Ni corazón como el mío
Que me sentencian a muerte
Por tenerlo repartío

Y a las dos de la mañana
Me vinieron a llamar
Tres pares de ojitos negros
Y me tuve que entregar

La manita en el Evangelio
La pongo, que yo me muera
Que yo no he matado a nadie
De noche en la carretera

Los tormentos de mis negras duquelas
No se los mando ni a mis enemigos
Yo soñaba con (...)
Me despertaron pa darme castigo

Eres mi sangre y mi vida
Mi lunita clara
Por lo mucho que yo te quería
Te vas sin volver la cara

Por lo mucho que yo te quería
Te vas sin volver la cara

La rosa de los amores
va cortando sobre (...)

Y todos acaban llorando
Igual que los niños chicos.

Los tormentos de mis negras duquelas
No se los mando ni a mis enemigos
Yo soñaba con (...)
Me despertaron pa darme castigo



Retrospectiva HR Giger

Además de recrearme con el exterior del Kursaal y sus materiales, la razón de la visita se hallaba en su interior: la exposición sobre HR Giger. En el artículo del link ya hablé suficiente sobre su obra en general, por lo que me centraré en la propuesta expositiva que gratuitamente se pude visitar hasta el día 6 de enero.

Brevemente: me temblaban las piernas ante la descomunal Li II; el cinéfilo que vive fosilizado en uno de los estratos de mi sedimentaria personalidad casi se hace pis encima al estar frente a la cabeza original (para los planos cortos) de Alien; las lágrimas afloraron tímidamente al contemplar en persona Biomechanische Landschaft, imagen que decoró mi carpeta estudiantil durante algunos años (era El Chico de las Carpetas Raras en el instituto, sí); las Sillas Harkonnen para el Dune de Jodorowsky... hasta había un Alien, modelado por el propio Giger, a tamaño natural.

Era sorprendente, mientras admirabas extasiado esos falos enormes biomecánicos y todos esos colmillos, garras y malformaciones, cómo en un taller de cultura juvenil, una monitora estaba explicando las obras del ínclito suizo a un grupo de chavales de entre 5 y 8 ocho años:

- ¿Habéis visto la película Alien?

A no ser que los padres de esos críos estén tan enfermos como yo (por cierto, ya tengo echado el ojo a esto; si algún día sucede, Asuntos Sociales me quitará la custodia fijo), esa respuesta debería ser un rotundo NO.

Pero el acabose fue cuando preguntó a la chavalería:

- Y aquí, ¿qué veis? ¿qué os llama la atención?

Uno, el más espabilado del grupo al parecer, se levantó del corro y con el dedo índice extendido se dirigió directamente hacia la representación de una vagina. La cara de la monitora, un poema. Supongo que si no estás preparado para encajar la respuesta, no deberías formular la pregunta.

Y si después de alimentar el instinto artístico, das de comer al Templo del Alma a base de pintxos, la visita solo puede calificarse como Rotundo Éxito.









Kursaal


Solo he estado dos veces en el Kursaal, pero siempre me ha llamado su gran composición de materiales. Hormigón. Vidrio. Acero. Piedra. Y al fondo, siempre presente, Mar.