Mostrando entradas con la etiqueta Michael Jordan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michael Jordan. Mostrar todas las entradas

Air Jordan 11 - sentido común 0


Parece ser que en Estados Unidos están al borde de la guerra civil por la salida al mercado de la reedición de unas botas de baloncesto; en concreto, las Air Jordan 11, del año 96. Hablar de las botas de baloncesto como de modelos de coches: en ese momento estamos. Son unas botas espectaculares, cómodas y resistentes. Aún conservo mi par de hace 15 años, con el que viví momentos inolvidables como la fase final del ROBO o el legendario "Octavos de ocho", que tal vez algún día me anime a redactar. Páginas imborrables de la Historia del Baloncesto ,en definitiva. Y ahí estaban las AJ11, las botas que calzaba Jordan durante la temporada en que consiguieron el record de victorias durante la liga regular (72 de 82), que aún permanece. Y por mucho tiempo, presumo.


Él

"Me encuentro bien. De verdad. Hace unos días llegamos a Chicago y lo primero que hice fue lo de siempre cuando quiero descubrir un lugar que desconozco: preguntar. Pero debo usar bien el verbo, y me he apoyado en un escritor (es periodista pero parece lo anterior por sus formas) para que me ayude. Gracias. Muchas gracias. Ahora ya sé que es la ciudad de los cinco aeropuertos, la del lago Michigan, la llamada Windy City (la ciudad del viento), la ciudad donde nació la música: el blues urbano. Pero esta ciudad, este Chicago... no sé. Yo buscaba otro. Su Chicago. Ya que Chicago es él.

Hace unos años, cuando estudiaba, practicaba su deporte, un deporte que sí, me gustaba, pero no más que otros, a excepción del mío. Pero había algo que hacía que ese juego me interesara. Ahora, al cabo de unos años, lo sé. Era él. Juraría recordar que leí en una encuesta que en China era la segunda persona más popular, por detrás del presidente Deng Xiao Ping. ¡Dios mío! También en China jugaban a un deporte donde él era más rápido que los demás. Y los chicos lo sabían. Un deporte donde los otros corrían, saltaban, chillaban, lloraban, sudaban, sentían y, a veces, reían. Él también lo hacía, pero con una diferencia: mejor y más bello.

Recuerdo sus triunfos, sus números, sus estadísticas y, sobre todo, sus movimientos. La belleza de cualquier movimiento del "Jesucristo negro" era irrepetible, una lección para cualquier persona, para darnos cuenta de lo que somos: unos humanos, cosa que a menudo dudo que él lo sea. Le delatan muchos gestos: su lengua anuncia lo que se avecina. Comienza una carrera en lucha contra los elementos. La pelota en una mano, un salto que empieza en Pinto y acaba en Valdemoro, las piernas abiertas como un compás. Y sigue el vuelo de la perfección. Suelta el balón con potencia, dejando su mano en el interior de la red. Y con el trabajo realizado, baja al mundanal ruido, a reunirse con los mortales. La perfección solo le debe dos segundos al tiempo. Los que van del salto amenazador al remate del éxtasis. Sólo dos segundos. Alabemos, pues, al creador de la cámara lenta que nos permite recrear la novena maravilla del mundo en doble espacio temporal.

Al principio, sin embargo, le criticaban. Decían que no defendía, que era un egoísta,q ue sí, pero que no ganaba títulos. No es verdad: ganaba. Tiene tres, y seguidos. Y ahora, a punto de hacer el no sé qué, me pregunto si lo veré, si veré al mejor jugador del mundo, si veré al mejor atleta de todos los tiempos, que para él es lo mismo. Y me lo pregunto una y otra vez, sabiendo que "this guy" está escondido por alguna de las mansiones de mis alrededores.

¿Pero, dónde? Debo girar mi cabeza a la derecha, a la izquierda... incluso clavar mi mirada en el cielo, donde sólo viven los dioses. Pero no. Este mito es humano. Y debe habitar entre nosotros. Y ahí aparece mi instinto, que siempre va acompañado de otro amigo mío -la duda-, pidiendo consejo a mi pregunta. La respuesta de mi instinto es instantánea, como siempre. Sé que lo veré. En la tercera base con los Birmingham Barons. Lo olvidaba, Michael Jordan ya no juega al baloncesto."


Artículo redactado por Pep Guardiola para el diario El País en junio de 1994, durante el Mundial de fútbol celebrado en Estados Unidos.



PD: después de haber transcrito el recorte que aún decoraba una carpeta de mis años de instituto porque no tenía huevos a localizar el artículo en la hemeroteca de El País, me han echado una mano (¡gracias!) y ya tengo el link al artículo original.




Sit!

Un amigo de una amiga de un conocido etc, cuenta que le sucedió la siguiente historia:

Estando de luna de miel, la parejita protagonista de la anécdota se quedó en un hotelazo en USA (no recuerdo si en NY, en Washington... da igual, supongo). Una noche se liaron por ahí y acabaron a las tantas de la noche. No sé cómo pero estaban relativamente cerca del hotel y fueron andando por calles desiertas. Si has visto cualquier película americana, eso siempre es un error. En efecto, al poco, vieron que un negro enorme vestido con chandal, gorra y gafas de sol (y eso que apenas amanecía) iba tras ellos, con un perro que parecía un cruce entre un pony y un tiranosaurio. Acojonados y racistas, aceleraron el paso. Pero el negro andaba con zancadas enormes e iba acortando terreno. Por suerte, estaban cerca del hotel, y entraron como una exhalación. Más tranquilos, se metieron en el ascensor, mirándose con cara de "joder qué susto".

Como siempre pasa, justo antes de cerrarse las puertas, aparecieron unas manazas negras que lo impidieron, y el meganegro y el megaperro entraron en el ascensor. El sudor frío empapó las ropas de la pareja de pardillos blancos. El negro, con los ojos escondidos tras las gafas, miró a un punto indefinido de su alrededor y, secamente, dijo: Sit!

La pareja se sentó en el suelo sin rechistar.

El negro y el perro (que se había sentado a la orden de su amo), se quedaron mirando, atónitos, a la pareja, que se abrazaba en el suelo entre lágrimas.

Y el negro comenzó a descojonarse.


La pareja, abochornada, se levantó del suelo indignamente, esperando llegar a la planta de su habitación. Cuando llegaron a su puerta, todavía podían escuchar las carcajadas del meganegro, que subía en el ascensor hacia el ático.

Al día siguiente la pareja se marchaba del hotel. Al ir a pagar la cuenta en recepción, el personal les informa de que:

- El Sr. Leroy Smith ha pagado la cuenta. Y ha dejado esta nota.

Que decía así:





Gracias por hacerme reír como no me reía en mucho tiempo.
Firmado: Michael Jordan.


23


Parece que LeBron James se ha descolgado últimamente con unas declaraciones sobre un homenaje de toda la NBA a Jordan, Michael Jordan. Propuso retirar, en todos los equipos, la camiseta con el 23, que nadie vuelva a llevar ese número en la Liga. Se ponía a sí mismo, de ejemplo, que lleva ese número y gustosamente cambiaría por respeto a su ídolo. La verdad es que algún gesto debería hacer la NBA con el jugador más mediático, imitado y que probablemente, es la unión de más talento y carácter ganador que ha pisado una cancha de baloncesto.

Pero, por más que no (se) quiera ser malpensado y que LeBron habla de buena fe, parece más una maniobra de mercadotecnia para vender más camisetas; en concreto, de las suyas. Gesto que le honra como buen discípulo de Air, que ya lio algo parecido en una de sus vueltas, jugando con el 45 ("No volveré a jugar con el 23 porque fue el número con el que me vio jugar mi padre"; claro, claro) durante la media temporada de su primer regreso. Hace un par de temporadas, Kobe Bryant también cambió su clásico 8 por el 24. Más camisetas vendidas.

Entonces, ¿dejamos a Michael sin homenaje global? Por ejemplo, Jerry West, sin ser comparable a ningún nivel con Jordan, tiene en su haber el mejor recuerdo posible: el logo de la NBA. Una de dos: o cambian el logo y entran en una disputa legal maratoniana con Nike o, Mi Propuesta (seguro que a alguien ya se le ha ocurrido, pero el blog es mío y escribo lo que quiero), que consiste en que las posesiones en la NBA pasen de 24 a 23 segundos. Logísticamente no sería tan complicado, no estamos hablando de marcadores electrónicos que cuestan dos duros y seguro que son fácilmente reprogramables.

Y así, cada jugada que se iniciase en cada partido de cada temporada de la NBA, se estaría recordando a Michael.



Me llamo Jordan, Michael Jordan (2)



Hace 20 años de The Shot de Jordan. Merece la pena recordarlo.


.

Daimiel! ¿Qué has hecho este verano?!!




¡¡Pero Daimiel!! Algo has tenido que hacer este verano, como diría Montes, ya que según tu propio blog:

Espero que entiendan que soy un periodista asalariado antes que comentarista de NBA. Que hay dos motivos por los que ya no comentaré partidos nocturnos, dos motivos cada uno de ellos lo suficientemente trascendente como para ser causa única. Uno de ellos, el más importante, es el desgaste en términos psicofísicos después de realizar un trabajo mayoritariamente nocturno durante casi doce años. Lean sobre trastornos del sueño y de la alimentación o sobre el ritmo circadiano y sus alteraciones. El segundo motivo no es tan vital pero no hagan caso a quien para explicar mi vuelta a la fotosíntesis recurra a la metonimia (la parte por el todo). Nada tiene que ver con literatura.

Espero que entiendan que las retransmisiones quedan en muy buenas manos. Nos seguiremos viendo en Españoles NBA y compartiendo reflexiones en el blog. Este, el del I love this game, es un amor de los imborrables.

¡¡Daimiel!! Tú también no!! En un día en el que nos despertábamos con una nueva exhibición de Navarro, tú (precisamente tú, de los nuestros) nos das este disgusto.

En fin, siempre nos quedará el recuerdo del dueto cómico que formabas con Montes, de tu Crónica en Rosa, de ese No debemos olvidar estos últimos minutos de Michael Jordan... y sobre todo, de tus acertados comentarios sobre baloncesto y sobre la NBA en especial.