

Hace unos siglos, los puentes eran el no va más para los dirigentes políticos, y era muy normal que el rey de turno estuviera presente el día del descimbrado de un arco (retirar el andamiaje que aguanta las dovelas hasta que éstas pueden sostenerse por sí mismas). Aplaudían y todo cuando el puente aguantaba. Supongo que si se venía abajo aplicarían allí mismo, a rajatabla, el
Código de Hammurabi, lo cuál era otro motivo para recibir la ovación del pueblo: antes sí que sabían hacer bien las cosas.
En la actualidad las construcciones emblemáticas se suelen visitar en función de las fechas electorales, claro, pero casi siempre se espera a que esté acabado el firme para pisar en terreno ídem. Una caída a un charco de barro o dejar los dientes en una piedra produciría el efecto contrario en los votantes, al parecer. El caso es que en una de las ocasiones que se les ocurrió acudir a una obra más allá del mero hecho de cortar una cinta, fue en la Expo 92 de Sevilla, en concreto para ver el giro del
Puente de la Barqueta (el de la foto superior) hasta su posición definitiva flotando sobre barcazas.
Como siempre pasa en estas cosas, se complicó el asunto y aquel día hizo un viento del carajo. Y dominar un puente metálico de un gritón de toneladas es complejo. Además, un elemento auxiliar (no me acuerdo si fue un machón de donde tiraban del puente con gatos para que girase) que además era de las pocas cosas que había de hormigón, reventó, lo que hizo que durante unos segundos el puente fuese a la deriva. Una colisión descontrolada con la otra orilla podría haber sido fatal. Por fortuna, el puente volvió a su posición inicial, paralela a la orilla y los políticos se marcharon a su casa un tanto decepcionados con la
performance que habían presenciado. Esa misma noche, sin nadie a la vista y sin viento, el puente fue girado poco a poco y sin problemas hasta la posición que tiene actualmente.
Curiosamente, no he encontrado nada de esto en internet, pero confío más en mi memoria porque me lo contó uno de los diseñadores del puente. (Edito:
he encontrado algo).
16 años más tarde, tenemos otra Expo a la vista y otro puentazo: el
Puente del Tercer Milenio (infografía inferior). En este caso, las dimensiones del mismo impiden realizar el mismo procedimiento constructivo que en el de la Barqueta. Creo que va a batir algún record del mundo, el puente
bowstring con arco hormigón más bestia, me parece. Sea como sea, el hermano mayor del Puente de la Barqueta fue adjudicado a la empresa constructora en una fecha que ya, directamente, era imposible según el proyecto, acabarlo antes de la inauguración de la Expo de Zaragoza de este año. Porque tengo fuentes bien informadas que me dicen que los plazos van malamente, que si no me temería que esta semana Zapatero apareciese por allí con unas tijeras en busca de una cinta que cortar...