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La Virgen María castigando al niño Jesús

Este cuadro de Max Ernst generó una bonita historia (aunque complicada y muy confusa )sobre un niño negro que estaba hasta los cojones porque que todas las navidades, durante el clásico dibujito del Belén que te mandaban hacer en clase de religión, todos se volvían hacia él para tomar sus rasgos y plasmarlos en Baltasar. Hasta que un día, en mayo, descubrió esta pintura y, machaconamente, repitió una y otra vez el dibujo, hasta memorizarlo. Llegó diciembre, llegó la clase de religión, llegó el dibujo del Belén y el chavalito negro cascó una reproducción asombrosamente fidedigna de este cuadro ("La Virgen castigando al Niño Jesús ante tres testigos"), en el que dichos tres testigos tenían pintadas sendas coronas como Reyes Magos: el dadaísmo aplicado sobre un dadaísta, ¡toma!

Lamentablemente, la formación intelectual y cultural del profesor de religión era muy escasa (por otro lado lógico si nos damos cuenta de que se trata de un tío que creía en ángeles y zarzas ardientes que hablan) y propuso la expulsión del chiquillo negro por ¡blasfemia! (dígase con voz de La Vida de Brian). El director del centro, con más humor, más templado, más inteligente en suma, no le hizo ni puto caso a su solicitud. Eso sí, el chavalito negro se llevó un rosco (de Reyes) en la asignatura ese año.



Retrospectiva HR Giger

Además de recrearme con el exterior del Kursaal y sus materiales, la razón de la visita se hallaba en su interior: la exposición sobre HR Giger. En el artículo del link ya hablé suficiente sobre su obra en general, por lo que me centraré en la propuesta expositiva que gratuitamente se pude visitar hasta el día 6 de enero.

Brevemente: me temblaban las piernas ante la descomunal Li II; el cinéfilo que vive fosilizado en uno de los estratos de mi sedimentaria personalidad casi se hace pis encima al estar frente a la cabeza original (para los planos cortos) de Alien; las lágrimas afloraron tímidamente al contemplar en persona Biomechanische Landschaft, imagen que decoró mi carpeta estudiantil durante algunos años (era El Chico de las Carpetas Raras en el instituto, sí); las Sillas Harkonnen para el Dune de Jodorowsky... hasta había un Alien, modelado por el propio Giger, a tamaño natural.

Era sorprendente, mientras admirabas extasiado esos falos enormes biomecánicos y todos esos colmillos, garras y malformaciones, cómo en un taller de cultura juvenil, una monitora estaba explicando las obras del ínclito suizo a un grupo de chavales de entre 5 y 8 ocho años:

- ¿Habéis visto la película Alien?

A no ser que los padres de esos críos estén tan enfermos como yo (por cierto, ya tengo echado el ojo a esto; si algún día sucede, Asuntos Sociales me quitará la custodia fijo), esa respuesta debería ser un rotundo NO.

Pero el acabose fue cuando preguntó a la chavalería:

- Y aquí, ¿qué veis? ¿qué os llama la atención?

Uno, el más espabilado del grupo al parecer, se levantó del corro y con el dedo índice extendido se dirigió directamente hacia la representación de una vagina. La cara de la monitora, un poema. Supongo que si no estás preparado para encajar la respuesta, no deberías formular la pregunta.

Y si después de alimentar el instinto artístico, das de comer al Templo del Alma a base de pintxos, la visita solo puede calificarse como Rotundo Éxito.









HR Giger


Nacido en 1940 en Chur (Suiza), Giger es básicamente un pintor aunque rara es la vertiente artística en la que no ha experimentado. Intentar explicar su personalísimo estilo es una tarea muy complicada, ya que catalogarla como biomecanoide (como a él mismo le gusta denominarla) se queda corto; yo lo veo así: sus obras son una prodigiosa combinación de atmósferas hightech con reminiscencias góticas y demoníacas, junto a elementos orgánicos que no pueden ser sino extraterrestres o irreales e indiscutiblemente surrealistas. Lo dicho: imposible de describir. Para los que no les suena su nombre (muchos) o los que no han entendido la descripción de su obra que acabo de escribir (casi todos), atajaré comentando que es el diseñador de Alien (el extraterrestre de la película homónima de Ridley Scott), bajo mi punto de vista la mejor criatura concebida en el cine fantástico.

Giger es un maestro del aerógrafo (o pistola pulverizadora) y como ejemplo de su rara habilidad para representar con realismo parajes y situaciones pesadillescas, él mismo relata con orgullo el episodio del aeropuerto: simplemente los agentes de aduanas holandeses le retuvieron cuando, mientras registraban su equipaje para una exposición vieron por casualidad alguna de sus obras y alarmados, pidieron explicaciones sobre el origen de “esas macabras fotografías” que llevaba. Todo un piropo.

Además del diseño de Alien, que le valió ganar un Oscar, ha colaborado puntualmente en otros films con diferente fortuna (Poltergeist 2, Species..). Aunque su relación con el cine pudo haber sido a nivel personal aún más importante si el proyecto de Jodorowsky de dirigir Dune con los diseños de Giger no se hubiera ido al traste, incluso con detalles poco elegantes hacia el suizo (finalmente la adaptación de los libros se llevaron a la gran pantalla de la mano del gran David Lynch).

La cantidad de elementos destacables de su biografía requeriría un artículo extensísimo: Dos de las portadas que realizó para Deborah Harry (cantante de Blondie) aparecen en numerosas listas de las mejores del siglo XX; ha diseñado el micrófono del grupo KORN; convivió algunos días con Dalí y Gala… Pero como todo artista que se precie, tiene sus momentos de divina locura: propuso unir cinco puntos extremos de Suiza mediante una línea de tren de alta velocidad subterráneo, coronando las estaciones con pirámides de un kilómetro de altura. Además de pinturas y esculturas, y tal vez, como consecuencia de sus estudios en arquitectura de interiores y diseño industrial, también ha hecho sus pinitos en decoración y concepción de mobiliario, destacando la supervisión de varias cafeterías inspiradas en su arte y su propio museo: HR Giger Museum.


Hoy en día la obra de Giger es accesible gracias a los numerosos libros publicados por Taschen y, además del numeroso merchandising de Alien (relanzado hace un par de años por la desafortunada película junto a Predator), podemos tener en nuestro poder una reproducción de una de sus obras más emblemáticas en 3d, gracias a Spawn, la empresa de otro icono freaky: Todd McFarlane.