
Además de recrearme con el exterior del Kursaal y sus materiales, la razón de la visita se hallaba en su interior: la
exposición sobre
HR Giger. En el artículo del link ya hablé suficiente sobre su obra en general, por lo que me centraré en la propuesta expositiva que
gratuitamente se pude visitar hasta el día 6 de enero.
Brevemente: me temblaban las piernas ante la descomunal
Li II; el cinéfilo que vive fosilizado en uno de los estratos de mi sedimentaria personalidad casi se hace pis encima al estar frente a l
a cabeza original (para los planos cortos) de
Alien; las lágrimas afloraron tímidamente al contemplar en persona
Biomechanische Landschaft, imagen que decoró mi carpeta estudiantil durante algunos años (era El Chico de las Carpetas Raras en el instituto, sí); las
Sillas Harkonnen para el Dune de Jodorowsky... hasta había un Alien, modelado por el propio Giger, a tamaño natural.

Era sorprendente, mientras admirabas extasiado esos falos enormes biomecánicos y todos esos colmillos, garras y malformaciones, cómo en un taller de cultura juvenil, una monitora estaba explicando las obras del ínclito suizo a un grupo de chavales de entre 5 y 8 ocho años:
- ¿Habéis visto la película Alien?
A no ser que los padres de esos críos estén tan enfermos como yo (por cierto, ya tengo echado el ojo a
esto; si algún día
sucede, Asuntos Sociales me quitará la custodia fijo), esa respuesta debería ser un rotundo NO.
Pero el acabose fue cuando preguntó a la chavalería:
- Y aquí, ¿qué veis? ¿qué os llama la atención?
Uno, el más espabilado del grupo al parecer, se levantó del corro y con el dedo índice extendido se dirigió directamente hacia la representación de una vagina. La cara de la monitora, un poema. Supongo que si no estás preparado para encajar la respuesta, no deberías formular la pregunta.
Y si después de alimentar el instinto artístico, das de comer al Templo del Alma a base de pintxos, la visita solo puede calificarse como Rotundo Éxito.