
Este cuadro de
Max Ernst generó una bonita historia (aunque complicada y muy confusa )sobre un niño negro que estaba hasta los cojones porque que todas las navidades, durante el clásico dibujito del Belén que te mandaban hacer en clase de religión, todos se volvían hacia él para tomar sus rasgos y plasmarlos en Baltasar. Hasta que un día, en mayo, descubrió esta pintura y, machaconamente, repitió una y otra vez el dibujo, hasta memorizarlo. Llegó diciembre, llegó la clase de religión, llegó el dibujo del Belén y el chavalito negro cascó una reproducción asombrosamente fidedigna de este cuadro ("L
a Virgen castigando al Niño Jesús ante tres testigos"), en el que dichos tres testigos tenían pintadas sendas coronas como Reyes Magos: el dadaísmo aplicado sobre un dadaísta, ¡toma!
Lamentablemente, la formación intelectual y cultural del profesor de religión era muy escasa (por otro lado lógico si nos damos cuenta de que se trata de un tío que creía en ángeles y zarzas ardientes que hablan) y propuso la expulsión del chiquillo negro por ¡blasfemia! (dígase con voz de La Vida de Brian). El director del centro, con más humor, más templado, más inteligente en suma, no le hizo ni puto caso a su solicitud. Eso sí, el chavalito negro se llevó un rosco (de Reyes) en la asignatura ese año.
1 comentario:
La Virgen Maria deberia usar minifalda para que cuando se agache muestre su calzon.
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