Comienzo

"Cómo comienzo... el día...". Repito en voz alta la pregunta que me ha hecho el Sr. Hurakami. Estoy sentado en su inmenso despacho, con vistas a la carretera a Mullholland; el mobiliario parece sacado del catálogo de temporada de Roche-Bobois.

- ¿Le sorprende la pregunta?

"Sí", respondo sinceramente. "No es una cuestión habitual en una entrevista de trabajo".

- Si está aquí sentado es porque sabe que nuestra empresa no sigue los cauces habituales en sus objetivos de mercado ni en los medios de producción. En el caso de que sea finalmente el elegido, comprenderá que valoramos extraordinariamente las pequeñas cosas; los detalles que para otros son insignificantes, para nosotros son la clave del éxito. De modo que... ¿cómo comienza el día, Sr. Clavijo?

"Bueno", piensa rápido. ¿Miento? ¿Qué espera que le diga? "Supongo que hago lo que hace todo el mundo: me despierto, desayuno, me ducho, me visto y voy a trabajar...". ¿Qué mierda de juego psicológico es este?

- Por favor, Sr. Clavijo. Es la última vez que se lo recalco: los detalles. Simplemente el hecho de ducharse después de desayunar me dice mucho sobre usted, aunque no lo crea. Prosiga, por favor.

"De acuerdo"; ya sé, recomiendan meter una mentira entre dos verdades. "Me levanto de la cama una hora y media antes de entrar al trabajo. Desayuno un café recién hecho, el zumo de dos naranjas y un limón, cuatro galletas Chiquilín y tres onzas de chocolate puro. Tardo unos 12 minutos en prepararlo todo, tomarlo y meter la vajilla sucia en el lavaplatos".

- Excelente. El Sr. Hurakami toma notas con un rotulador negro. Continúe, si es usted tan amable.

Vale, ¿es esto lo que quieres? Pues vamos. "Me cepillo los dientes, me visto y salgo de casa. Miro el reloj de la entrada y tienen que ser las 7:55, minuto arriba, minuto abajo. Ando los escasos 10 metros hasta el ascensor...". Je, el puto perro....

El Sr. Hurakami me lanza una mirada inquisitiva, como observándome a través de una mirilla.

- ¿En qué está pensando?

"Bueno... es una historia un poco larga...". El Sr. Hurakami está a punto de decir algo, pero le corto. "Sí, como lo importante son los detalles, se la voy a relatar".

"Me ocurrió nada más mudarme al apartamento en el vivo actualmente. Al salir de casa hacia el trabajo, llamaba al ascensor y, cuando la puerta se abría, me encontraba con un perro sentado en mitad de la cabina, con un periódico en la boca. Siempre me topaba con él, cada mañana. Ante mi curiosidad, el portero me explicó que hacía tiempo que había llegado a un acuerdo con su dueño: resulta que éste trabajaba en el turno de noche y volvía a casa una media hora antes de que el portero empezase a trabajar: Parece ser que le daba pereza bajar otra vez a por el periódico, de modo que hacía bajar al perro a la hora que el conserje había comenzado su jornada laboral; a su vez, el portero abría la puerta del portal al perro, que tras hacer sus necesidades, esperaba pacientemente a que el portero le diese el periódico que había dejado el repartidor. Entonces, él solito, emprendía el camino de vuelta".

"El perro se metía en la cabina en la planta baja y esperaba a que alguna persona llamase al ascensor. Cuando el ascensor se paraba para embarcar en la planta en la que habían pulsado el botón de llamada, el chucho se asomaba, olfateaba y valoraba si estaba lo suficientemente cerca del apartamento de su dueño como para hacer el último tramo a pie. Cuando yo era el que utilizaba el ascensor, se quedaba en el interior: no consideraba que subir 8 pisos de 15 (esa era la planta en la que vivía su amo) era suficiente. Era muy inteligente, para ser un perro ratonero".

"Y como se quedaba en el ascensor, bajábamos los dos juntos hasta la planta baja. He de decir que, en general, odio a los perros. Para mí, por encima de las razas, existen cuatro clases de chuchos: los que parecen que sonríen con la lengua fuera, los que tienen aspecto de estar cansados de la vida , los cabreados -que la mayoría de las veces son perros patada más que perros de presa-, y los pretenciosos, que te miran con la suficiencia de un anciano resabido. Pues éste pertenecía a esta última subclase. Mientras el ascensor bajaba, me observaba fijamente, con esas orejas como las alas del casco de Asterix: muy grandes, siempre moviéndose, con vida propia".

"Cómo odiaba aquel perro. No sé, puede que suene irracional, pero no me gustaba compartir el viaje en ascensor con él. Notaba su mirada, cómo me analizaba. "

- Perdone que le interrumpa, pero si tanto le molestaba, ¿por qué no intentó cambiar su horario?

"Lo hice. Una mañana me marché sin desayunar y cuando las puertas se deslizaron, ahí estaba el perro. Otra día me quedé dormido unos 20 minutos de más y cuando llamé al ascensor, el perro venía con él. Parecía que el puto perro estaba encantado de joderme las mañanas. Y supongo que así seguiría, si no llega a ser porque su dueño apareció muerto en su apartamento. Muerte natural, un infarto o algo así, dijeron. Los vecinos detectaron el olor de su cadáver: aquel hombre llevaba muerto diez días; al ser un solitario y hacer vida nocturna nadie le había echado de menos..."

- Muy interesante su historia, Sr. Clavijo. El Sr. Hurakami quita el capuchón de su rotulador negro y se dispone a escribir.

"Espere un momento, aún no he acabado".

- No se preocupe, Sr. Clavijo, tengo suficiente.

"Perdone que le lleve la contraria, Sr. Hurakami. Pero tengo que acabar la historia y, como dice usted, los detalles son importantes".

Me mira sorprendido, y me invita con la cabeza a que continúe.

"El perro apareció muerto tres días después que su dueño. El cadáver lo encontraron las limpiadoras; yacía en el último rellano de la escalera, el que daba acceso al tejado, entre un montón de periódicos. Se ve que el perro siguió con su rutina a pesar de que su dueño había muerto."

- ¿Cómo murió el perro?

"Dicen que tenía un guiñapo de carne sanguinolenta en el lugar donde debería estar la cabeza. Alguien se había ensañado con él".

El Sr. Hurakami me observa largamente con respeto. Coloca el capuchón al rotulador que tiene en la mano y saca su pluma estilográfica del bolsillo interior de su americana. Escribe tres o cuatro palabras en mi curriculum y me mira, sonriendo levemente.

"Entonces... ¿Cuándo comienzo?"

Playoff NBA 2009

Una vez más, ha llegado la hora de los hombres. Tal vez incluso sea la hora de El Elegido. Pero yo no lo creo así; aún no. Pero veamos para empezar la primera ronda:

Este
  • Cleveland-Detroit: 4-0. Imposible para los Pistons sacar ni una victoria. Un equipo que ha llegado a la final de Conferencia Este los últimos 6 años se ha convertido en un equipillo del montón con la marcha de Billups. Qué coincidencia. Reconstrucción estival en Detroit y en los Cavs a esperar tranquilamente a Miami.
  • Boston-Chicago: 4-0. Otro rosco. Aún sin Garnett, Chicago no es rival para ellos. Interesante ver cómo se desenvuelve y coge experiencia Rose en playoffs, a la espera de algún refuerzo importante en el verano del 2010.
  • Orlando-Philadelphia: 4.2. La anarquía de los Sixers puede hacerlo pasar mal a los Magic. Howard, mientras siga siendo un lastre desde la línea de personal, no recibirá muchos balones en el último cuarto y ahí esperarán su oportunidad los de Philadelphia si llegan cerca en el marcador.
  • Atlanta-Miami: 3-4. Wade. Esa es la diferencia. En otro equipo, sería el MVP sin discusión, pero con el grupito de amigos que le ha tocado jugar ha llegado al 5º puesto de una revitalizada Conferencia Este. Si juega como últimamente, no soprendería que acabase la serie con una imponente media de 40 puntos por partido.

Oeste
  • Lakers-Utah: 4-2. Los últimos resultados de los Jazz no dan la verdadera dimensión de este equipo, con Deron Williams demostrando que es el segundo mejor base de la liga. Muchos recursos, muchos anotadores... pero los Lakers son mejores.
  • Denver-Nueva Orleans: 4-3. Los Hornets no han jugado al nivel del año pasado, aunque Chris Paul ha hecho todo lo que ha podido. El declive físico de Stojakovic, la irregularidad de West y la lesión de Chandler se han hecho notar... lo mismo que el cambio de Billups por Iverson en los Nuggets. Igualadísima serie en el que un resultado opuesto no me sorprendería en absoluto.
  • San Antonio-Dallas: 2-4. Veo mucho más enteros física y psicológicamente a los Mavericks; la lesión de Ginobili y los achaques de Duncan inclinan la balanza del lado de los de Nowitzki.
  • Portland-Houston: 4-2. Otra vez McGrady lesionado y otra vez los Rockets rinden mejor que con él, por lo que pasar de primera ronda parece que, ahora sí, es factible. Pero no. Los Blazers en casa son muy difíciles de batir y Houston no tiene recursos para ganar más que los de casa. Atención al duelo Oden-Ming: yo digo que el chino le saca 2 faltas en menos de un minuto.

La maravillosa vida breve de Oscar Wao


Más que por ser el ganador del premio Pulitzer de 2008, me atrajo irresistiblemente su trama:

La vida nunca ha sido fácil para Oscar Wao, un dominicano dulce, obeso y algo desastroso que vive con su madre y su hermana en un gueto de Nueva Jersey. Oscar sueña con convertirse en un J.R.R. Tolkien dominicano y, por encima de todo, con encontrar el amor de su vida. Pero puede que nunca alcance sus metas debido a una extraña maldición presente en su familia desde hace generaciones; enviando a los Wao a prisión, predisponiéndolos a accidentes trágicos y, ante todo, al desamor.
Da la sensación de que va a ser una historia de y para frikis (¡¡un obeso asocial que quiere se Tolkien en busca el amor verdadero!!), pero no; porque se centra más en la historia de la familia que en la de Oscar en sí, lo que te deja a las puertas de un libro inesperado tanto en lo que cuenta... como en cómo lo cuenta, siempre con un epatante lenguaje:

Bróder, a esa fokin tetúa le voy a dejar el toto encharcao como un pantano.

Y claro, me pasa como con las películas argentinas, que no entiendo nada los diez primeros minutos hasta que hago el oído y comienzo a disfrutar. Y sinceramente, es disfrutable: maldiciones familiares, citas a películas y libros de ci-fi, un gordo adorable... excelente tragicomedia en suma.

Mi nota final: 5 pi medios.