Vietnam y Camboya III: Sur de Vietnam

Del sur del Vietnam visitamos la ciudad más poblada del país (Ho Chi Minh) y recorrimos decenas de kilómetros (por tierra y agua) del delta del Mekong.

Ho Chi Minh.
Nuevo vuelo interno y llegada al aeropuerto de Ho Chi Minh (aka Saigón). No tiene mucho que envidiar a cualquier gran ciudad europea en cuanto a edificios, instalaciones y tráfico. Incluso en las afueras están proyectados barrios enteros de rascacielos de alto standing: allí no les afecta la crisis inmobiliaria de la economía occidental.

La ciudad en sí solo la vimos poco más de media tarde, nada más llegar. Fue un rápido paseo por la zona francesa (Catedral, Edificio de Correos, algún edificio institucional) y el Museo de los Crímenes de Guerra (adivinad de qué guerra y desde qué punto de vista).

Edificio de Correos; a principios de noviembre, a las 17:55 es noche cerrada.

Lo más llamativo (por oscuro y tenebroso) fue la pagoda del Emperador de Jade. Se trata de un templo en mitad de la ciudad que desde fuera parece anodino, pero por dentro da la sensación de que en cualquier momento van a sacrificar un gallo negro. Muy recomendable.

En la foto ha salido mucho más alegre y luminoso de lo que es en realidad.

Delta del Mekong.
El viaje desde Ho Chi Minh hasta alguno de los mercados flotantes del Mekong fue incomodísima, en un autobús-furgoneta sin aire acondicionado. Molestias aparte, fue interesante la visita, viendo cómo comerciaban desde sus barcas intercambiando y/o comprando productos unos a otros. Al parecer, en los mercados flotantes no tienen que pagar impuestos, de ahí su implantación.

Vendo piñah a dos euros, qué buena la piñah a dos euros!


Tras la visita a los mercados flotantes, continuamos el crucero por los canales en una especie de piraguas para cuatro personas. Es increíble la cantidad de kilómetros de canales que puede haber.

Tráfico intenso en la hora punta de un canal del delta del Mekong.
Inconscientemente, mientras navegas por canales apretados contra palmeras, te resuena en la cabeza La Cabalgata de las Valkirias y comprendes el nivel de tensión que debían tener los soldados americanos durante la guerra: detrás de cada tronco podía haber un cañón, un brazo con una granada, la muerte en suma. Por suerte, nuestro viaje era de placer; no cambio esta ruta por Venecia y sus góndolas: la vietnamita remera guardó un educado silencio frente a los arranques a capella de los gondoleros italianos. Durante la excursión, paramos varias veces para visitar una fábrica de caramelos de coco y degustar decenas de frutas diferentes que se cultivan en esta zona.

Esa noche dormimos en Can Tho, ciudad de la que solo podemos constatar (por la hora de llegada y el cansancio) que por unos setenta céntimos de euro (0,70€) te puedes comprar una lata de pepsi y una bolsa de patatas fritas. Qué locura de precios. Al día siguiente realizamos otro viajecito por los canales y una visita educativa donde nos enseñaron cómo hacen los fideos de arroz (la higiene brilla por su ausencia).

La vuelta fue otro infierno de cinco horas en el mismo autobús de mierda. Solo por el coñazo del transporte hay que plantearse la visita al delta del Mekong... pero compensa darse la pechada (por muy poquito, eso sí).

Continuará...



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