Vietnam y Camboya IV: Angkor
Qué decir de Angkor que no se intuya por las fotografías... Intentaré hacer un resumen de la estancia en Camboya:
- Al entrar en el país hay que pagar 20 dólares (el riel no lo utilizamos en toda la estancia) y te piden un par de fotos de carnet. Si no tienes dólares, te piden 20 euros: conviene llevar la pasta cambiada. Por la tasa de salida te zumban otros 25 USD. Camboyanos sí, pero tontos no.
- La entrada de tres días al parque cuesta 40 dólares. No hace falta llevar fotografía: la tecnología webcam también ha llegado a Camboya. Viva la globalización.
- Lo mejor para moverse por el parque de Angkor es alquilar un tuktuk. Por una tarde, un día de circuito largo y un día de circuito corto nos cobraron 5, 17 y 12 USD, respectivamente. Por lo que nos comentaron, fue un buen negocio para nosotros y malo para él, sobre todo porque el segundo día pinchó una rueda y le cobraron 10 USD por cambiarla.
- La entrada de tres días al parque cuesta 40 dólares. No hace falta llevar fotografía: la tecnología webcam también ha llegado a Camboya. Viva la globalización.
- Los hoteles están en Siem Reap, la ciudad más cercana donde están todos los hoteles. Se encuentra a unos diez kilómetros del parque por lo que ir en bici no es mala opción si vas a estar varios días y te lo quieres tomar con calma (las bicicletas se alquilan en la ciudad).
- Si se sabe algún idioma (francés, inglés o alemán) se pueden comprar las guías de Lonely Planet o National Geographic en el interior por muy buen precio (un par de dólares si se regatea bien). Las venden niños y niñas que en ocasiones son más pesados que llevar un chon debajo del brazo.

- En la zona de Angkor Bat hay que tener cuidado con los monos, sobre todo si llevas plátanos. Elaboré la teoría de que los monos y los vendedores de fruta que están por el recinto están compinchados: unos la venden y otros la comen/roban.
- La ciudad no es cara en absoluto a pesar de ser un foco turístico mundial. Hay unas cuantas calles para guiris, al estilo Torremolinos, con tabernas irlandesas donde ponen jurgol. Los camboyanos conocen muy bien la Premier, pero también la liga de aquí. Epatante la pronunciación libre que hacen del nombre de Casillas: i-a-si-i-yas. En su descargo he de reconocer que sabían mejor que yo la alineación de la selección en la Eurocopa.

- En la zona de Angkor Bat hay que tener cuidado con los monos, sobre todo si llevas plátanos. Elaboré la teoría de que los monos y los vendedores de fruta que están por el recinto están compinchados: unos la venden y otros la comen/roban.
- La ciudad no es cara en absoluto a pesar de ser un foco turístico mundial. Hay unas cuantas calles para guiris, al estilo Torremolinos, con tabernas irlandesas donde ponen jurgol. Los camboyanos conocen muy bien la Premier, pero también la liga de aquí. Epatante la pronunciación libre que hacen del nombre de Casillas: i-a-si-i-yas. En su descargo he de reconocer que sabían mejor que yo la alineación de la selección en la Eurocopa.

- Los templos en sí son espectaculares. Acojonantes. Venga kilómetros en tuktuk y venga templos de piedra tallados de arriba a abajo. A primera hora (6 de la mañana, hay que aprovechar el sol), paseas entre las ruinas prácticamente tú solo, subiendo, bajando, asomándote a ventanas... Ojalá en todos los museos te dejasen encaramarte a las reliquias arqueológicas. De todas formas, al ser los templos tan grandes y estar tan separados, no se siente una masificación agobiante.
- Conviene llevar calzado muy cómodo y con las suelas en buen estado. Algunas escaleras hay que treparlas, más que subirlas, y los resbalones te pueden costar varios dientes.
En resumen, hay que ir. Quien pueda, no debe dejar escapar la oportunidad de visitar Angkor, antes de que saqueen todo: sorprende que haya tantos templos sin ningún tipo de control ni supervisión.
Hasta el Sr. Miyagi estaba visitando las ruinas de Angkor.

A la salida del país tuve un pequeño incidente: al pasar por el detector de rayos X vieron en mi mochila algo que les llamó la atención. Me indicaron que abriese la maleta y que "si tenía serpientes en el interior" (!!!). Al final todo había sido una mala interpretación de la imagen, ya que donde habían visto serpientes en realidad había galletas. Destacar que los ojos se le abrieron como platos a la agente de aduanas cuando vio el paquete de galletas Príncipe, chorreantes de chocolate del bueno. Si no llegan a habérmela liado a la entrada (20 euros= 20 USD), puede que la hubiese recompensado con una o dos. Cerré la mochila con suficiencia y estuve en un tris de comerme una galleta en su cara, escupiendo miguitas sobre su uniforme, pero me interesó permanecer en el desconocimiento absoluto del funcionamiento interno de las cárceles camboyanas.
También es verdad que en París tuve que enseñar nuevamente el contenido de la mochila, así que ojo con llevar galletas Príncipe.
Continuará...
También es verdad que en París tuve que enseñar nuevamente el contenido de la mochila, así que ojo con llevar galletas Príncipe.
Continuará...

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