Diario de una relación inexistente: días 1, 2 y 3

Día 1:

En una vida imaginaria salgo desde mi cuarto al mundo exterior y cojo el tren. Los últimos tres días ha entrado en mi vagón una chica muy atractiva, ataviada de indie y con el aspecto de Najwa Nimri.

Que está muy buena, vamos.

El caso es que dichos tres días se ha sentado junto a mí. Y había más asientos libres. Yo sé que ella sabe que me doy cuenta de su presencia, que cuando paso la página del libro miro sus piernas, que cuando levanto casualmente la vista para ver si no me he pasado de estación miro de reojo su canalillo, que cuando sé que me está mirando murmuro "te voy a dejar el toto encharcao como un pantano".

Mañana seguro que pierde el tren. O no se sienta a mi lado. O me despierto antes de tiempo.


Día 2:

El puto tren ha llegado a las 7:26, en lugar de las 7:29. No sé si se ha retrasado el de las 7:24 o se ha adelantado el que cojo siempre. Lo que sí es cierto es que en su parada, Heia no se ha subido. Puta mierda.

Bueno, prefiero pensar que el tren ha llegado antes de tiempo y ella llega justito para tomarlo a la hora habitual. No quiero pensar que, después de tres días, ha decidido cambiar de vagón para no darme falsas esperanzas y que el hilo de baba que me cuelga cuando me roza sin querer se transforme en geiser de fluidos varios.


Día 3:

Hoy se me ha hecho tarde desayunando. Nota mental: a partir de seis magdalenas, las siguientes te las tienes que comer en seco o tengo que tomar el café en un recipiente tamaño palangana. Total, que cuando estaba cancelando el billete ha llegado el tren y me he montado corriendo (casi me muero), en el extremo opuesto del vagón que siempre ocupo. Al llegar a Su parada, Heia se ha montado por su puerta habitual y se ha dirigido directamente al asiento donde nos encontramos por última vez.

Es una romántica.

No se ha dado cuenta de que la observo. La señora que tengo al lado, sí. Su cara es de asco, sobre todo cuando creo que ha malentendido mi gesto de acomodarme el móvil en el bolsillo del pantalón.

Llegamos al destino. Curiosamente compartimos parada. No he querido unir "destino" y "compartir" en una misma frase; tengo el corazón delicado después del ligero trote de esta mañana.

Ahora se ha dado cuenta de que estoy en el vagón. Hoy está espectacular: Chaqueta ajustada, shorts, botines y medias lisas. Todo ello negro, menos las medias que son amarillas. Sus piernas destacan aún más y parecen kilométricas. Despistado por su presencia, casi me cuelo por el hueco entre el coche y el andén. Veo que Heia sonríe de soslayo.

El lunes te vuelvo a encontrar y me tiro al suelo para que te rías abiertamente.


(Continuará)


2 comentarios:

Unknown dijo...

Estoy en ascuas!! :D

dunker dijo...

Pues en breves momentos, el segundo capítulo.