No hay camino

Así como fue, en un principio, el bebé que nació con los ojos abiertos; así como el niño pequeño que era capaz de mover sillas con los ojos; así como el niño capaz de presagiar los sucesos; así como el niño que se sorprendía con los gitanos; así como el joven que se enamoró de la pequeña Remedios... Ese es el coronel Aureliano Buendía, el mismo que mató a miles de legiones, el mismo que salió de Macondo, camino al exterior, atravesando la ciénaga, el mismo que fue condenado a vivir errante por siempre, el mismo que cuando ya estaba sin vida, decidió dedicarse a los pescados de oro... Ese es el coronel, el hombre de los ciclos, el hombre que nunca logró disfrutar de la vida, condenado para siempre a la soledad y el destierro eternos...




He puesto el primer pasaje que se me ha ocurrido para acompañar la fotografía que hice el fin de semana pasado en el Cares. (Desde que se inventó el Photoshop, cualquiera toma fotos dignas)


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