Un, dos, tres... Va.
Fue un día rocambolesco. A las 12 de la mañana hablé con mi amigo Kang (le llamaremos Kang), que estaba volviendo de Madrid una vez finalizada la semana laboral. Salió en la conversación el tema del concierto, y se indignó porque no le había avisado antes. Pensé que tras cuatro horas de coche no le apetecía conducir otra hora y media, ir a un concierto y conducir otra hora y media de vuelta; me respondió: joder, ¡que son Los Planetas!. Jaque mate.
Tras mover unos hilos y realizar unas gestiones desde el coche, a los 15 minutos tenía ya, calentitas, las entradas en su casa de la tierruca. El resto del trayecto lo empleó en escuchar, una y otra vez, San Juan de la Cruz.
Como siempre, en el último momento surgieron inconvenientes que nos hicieron llegar con el tiempo justo. Añadió un punto más de nerviosismo el que al pedir (en la atestadísima barra) una caña se acabó el barril. Pero al final todo salió como cronometrado.
No sé si soy al único que le pasa, pero le he perdido totalmente el respeto a J. Además de que tras hacer un extraño casi se cae al suelo, soltó unas frasecitas del tipo:
- Muchas gracias por venir a... a lo que sea esto.
- Hay más gente que en la cola del INEM.
que me hacen verlo cada vez más como un personajillo pintoresco, lejos de ese aura carismático en el que parece envuelto. Nuestra experiencia granaína no ayuda, claro.
Lo pasé en grande y eso que solo bebí un calimocho y medio. Iba a decir que me sentó mal, pero la verdad es que me sentó de puta madre, porque con eso ya iba medio castaña.
Momentos gloriosos: Un buen día, Alegrías del incendio, Ya no me asomo a la reja, De viaje... Buf. En La caja, deberían apagar todas las luces excepto un (1) foco iluminando el despliegue físico de Erik en la batería.
Y cuando J dice las cuatro palabras mágicas (Un, dos, tres... va), preludio concertil de Segundo Premio, ya se me caen los pantalones a los tobillos. Por eso no me extraña su éxito entre las féminas. No, no voy a entrar una vez más a valorar su aspecto físico.
Entiendo que a la gente les aburran, que sientan indiferencia por Los Planetas, que no toleren los desplantes toreros de J, que piensen que no vocaliza una hostia. Pero es como tener un amigo que tú crees que es gracioso y el resto de gente piensa que es medio subnormal. Y tú respondes: Bueno, pero es mi amigo y a mí me hace gracia.
Y cuando J dice las cuatro palabras mágicas (Un, dos, tres... va), preludio concertil de Segundo Premio, ya se me caen los pantalones a los tobillos. Por eso no me extraña su éxito entre las féminas. No, no voy a entrar una vez más a valorar su aspecto físico.
Entiendo que a la gente les aburran, que sientan indiferencia por Los Planetas, que no toleren los desplantes toreros de J, que piensen que no vocaliza una hostia. Pero es como tener un amigo que tú crees que es gracioso y el resto de gente piensa que es medio subnormal. Y tú respondes: Bueno, pero es mi amigo y a mí me hace gracia.
Nada más acabar nos llegó la pájara y nos marchamos. Acojonante la cola que había para entrar en la sala para los djs.

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