Diario de una relación inexistente: día 15 (y 2)
Hemos quedado para ir al cine. Sigue viniendo en coche a buscarme, le gusta seguir teniendo ese tipo de poder sobre mí. Ahora que ya hemos tenido sexo y es Mi Novia, decido poner en práctica una mezcla de los saludos infalibles que tanto tiempo teoricé en la soledad de mi cuarto: agarro una de Sus tetas con la mano y mirando fijamente Sus ojos proclamo: "¡Ole ese cuerpazo!". Se ríe y yo comienzo a sentir un hormigueo en la entrepierna porque se me está estirando la piel.
Hemos ido a la aventura al cine, así que no nos sorprende el hecho de que solo nos cuadren bien dos películas que no hayamos visto uno de los dos: "Vicky el Vikingo" y "Qué les pasa a los hombres". Asumo la responsabilidad de la elección, y elijo ver la de la Johansson y las Yenis (Connelly y Aniston). Hay una escena memorable con Scarlet en una especie de camisón bamboleando sus tetacas sin ningún pudor, por lo que vuelvo a sentir molestias en el pito.
Lamentable el estado físico de las Yennis, con lo que ellas han sido. No obstante, por supuesto que me las follaba a las dos.
Sabedores de que después de la película va a haber tema, en el cine solo tonteamos: unos pequeños sobeteos, besos castos en el cuello y algún ocasional filetaso. Acaba la película; nota final: truñaco.
No vamos a cenar porque queremos comida pero de otra variedad. En efecto, Heia conduce presta a un lugar apartado que parece conocer a la perfección y, después de sentarnos en los asientos traseros, se abalanza sobre mi bragueta dispuesta a poner a prueba la capacidad resistente (a fatiga) de sus puntos. No tengas miedo, te voy a tratar con cariño. Respondo con un ruido sordo que nace de mi estómago.
(...)
Hemos ido a la aventura al cine, así que no nos sorprende el hecho de que solo nos cuadren bien dos películas que no hayamos visto uno de los dos: "Vicky el Vikingo" y "Qué les pasa a los hombres". Asumo la responsabilidad de la elección, y elijo ver la de la Johansson y las Yenis (Connelly y Aniston). Hay una escena memorable con Scarlet en una especie de camisón bamboleando sus tetacas sin ningún pudor, por lo que vuelvo a sentir molestias en el pito.
Lamentable el estado físico de las Yennis, con lo que ellas han sido. No obstante, por supuesto que me las follaba a las dos.
Sabedores de que después de la película va a haber tema, en el cine solo tonteamos: unos pequeños sobeteos, besos castos en el cuello y algún ocasional filetaso. Acaba la película; nota final: truñaco.
No vamos a cenar porque queremos comida pero de otra variedad. En efecto, Heia conduce presta a un lugar apartado que parece conocer a la perfección y, después de sentarnos en los asientos traseros, se abalanza sobre mi bragueta dispuesta a poner a prueba la capacidad resistente (a fatiga) de sus puntos. No tengas miedo, te voy a tratar con cariño. Respondo con un ruido sordo que nace de mi estómago.
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“¿Tú crees que 'eso' vendrá bien para la cicatrización?”. Es demasiado sabroso como para ser terapéutico… ¿He dicho ya que estoy enamorado?
Heia ahora se tumba y, sin quitarse el vestido, desliza sus bragas hasta los tobillos, exponiéndose para mí. No se conoce la propia flexibilidad hasta que te enfrentas a situaciones extremas: sería incapaz de reproducir el dibujo exacto que trazó mi cuerpo para poder estar con la cabeza entre sus piernas, mis manos en su culo, mi culo en la alfombrilla trasera y mi pie izquierdo tocando el claxon.
Lastrado por la oscuridad y mi vergonzosa inexperiencia, hice lo que pude, pero no debió ser muy malo. O más bien al contrario, porque al acabar me dijo: Tienes una lengua que para sí la querrían las jirafas. No sé como conoce Heia las virtudes sexuales del apéndice del cuellilargo mamífero, pero según la wikipedia -"La lengua es de color negro, y es tan larga (unos 50 cm) que le permite usarla para limpiarse las orejas"-, creo que debo darme por piropeado.
Nos marchamos, mañana (hoy) hay que trabajar y son más de las 12. Elijo el momento de la despedida para hacerle un regalo: una entrada para un concierto la semana que viene. “El regalo tiene truco: tienes que venir conmigo”. Solo si no me dejas sola en toda la noche, ni siquiera para ir al baño. Un hilillo de saliva se desliza por mi barbilla.
Al llegar a casa me doy cuenta de que me molesta la lengua. La levanto y miro en el espejo. Lo mío con los frenillos es imposible; no sé si podré hablar mañana sin parecer mongólico. Se ve que he puesto tanto interés en la faena que me he lesionado el retén de la lengua con los dientes y/o con la barba de dos días.
Ahora entiendo cuando dicen los poetas que el Amor es Dolor.
(Continuará)

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