Diario de una relación inexistente: día 8
¿Y ahora qué?
Sabía que este día llegaría. Y aún más desde que me puse el reto personal de dirigir una palabra coherente a Heia. Ya no me preocupo de por qué puerta entro para sentarme en el tren, no he sacado conclusiones definitivas a la vista de la experiencia. Así que simplemente he entrado por la segunda puerta y me he sentado en una butaca que tenía otra vacía al lado. Hoy había bastantes sitios libres, por lo que no contaba con lo que pasó cuando Heia entró en el vagón.
Entró, majestuosa y sensual, por la primera puerta, miró a cada lado y, cuando me vio, vino directamente hacia mí. Bueno, hacia la butaca vacía adjunta. No esperaba esa puesta en escena, por lo que me ha pillado completamente descolocado (y desparrancado ocupando media butaca vacía). Me ha lanzado una mirada inquisitiva ("¿puedo sentarme?¿puedes hacerme tuya?¿por qué no me entras de una puta vez?" -seguro que la opción A-)) y he retirado mi pierna mientras he murmurado sonriendo "Ah, sí. Hola...".
Un gran paso para dunker, puta mierda para la humanidad.
Con una sonrisa deliciosa como toda respuesta, ha acomodado Su bien torneado culo a escasos centímetros de mi codo.
Arfs.
No se trataba de los asientos pareados, sino de las hileras de tres butacas escamoteables en sentido longitudinal. Los pobres que montamos en tren conocemos bien las posibilidades de rozamientos involuntarios (o no) que ofrece esta disposición ante las acciones de aceleración y desacelaración del convoy. Así que Su codo y, ocasionalmente Su muslo, han entrando en contacto con mi cuerpo.
Y me he venido arriba.
He provocado una situación que he pensado durante días. En el tren, voy leyendo y escuchando música. Como ya he comentado, no parece que Heia sea muy lectora, al menos durante el trayecto. Así que decidí jugármela con la música. Pero ha sido una decisión difícil; ya he comentado que tiene pinta de indie, por lo que deseché la lista comercial (que llevo para emergencias de estreñimiento) y la lista punk (Letrinas rebosantes y Mus de Pus, esos artistas tan poco reconocidos). Escuchar NajwaJean era demasiado evidente, por lo que me tiré hacia mis queridos Planetas, que nunca me han abandonado en mis largas noches de soledad y acné. Esa era la banda sonora. Pero el movimiento mágico para captar su atención era sacar el iPod y pasar de canción. Ese gesto no podía pasar desapercibido, ni la carátula y canción que iba a poder ver perfectamente. Podría dar lugar a una conversación o, simplemente, ver que voy de su palo (minipunto para dunker).
Así pues, me he lanzado y he sacado el iPod del bolsillo, y... Se me ha enganchado el jack con el pantalón, pero con dos tirones secos he podido desatascarlo. Y arrancar el jack de su hembra, también. En ese momento, he tenido que utilizar las dos manos, una para sacar el iPod y la otra para conectar nuevamente los auriculares. He comenzado a sudar. Con las manos húmedas se maneja muy mal la cubierta metálica del reproductor, pero eso no ha sido lo peor. Me temblaban los dedos. Acertar en una pantalla táctil en los botoncitos precisos no es una tarea fácil para alguien como yo, que tiene los dedos como morcillas de Burgos. Temblando es prácticamente imposible pulsar la tecla correcta. Por eso en lugar de pasar de canción he salido al menú inicial. Presa del pánico, al intentar volver a la música he pinchado el Safari y se ha abierto una página pornográfica. Crisis. Me he recompuesto un poco y no sé muy bien cómo pero he podido volver a la música. Más tranquilo ante la vista de la portada del Super 8, con "Rey Sombra", he pasado de canción y la pantalla ha cambiado a "La máquina de escribir", una canción que habla sobre una felación. Argh. Con el susto se me ha caído el iPod al suelo. No todo podía ser malo, tengo configurado que también cambie de canción agitando el reproductor. Lo he recogido del suelo y ahora sonaba "Un buen día". El sarcasmo de Dios comienza a ser irritante.
Heia se estaba mordiendo el labio inferior, lágrimas brillaban en sus ojos: a duras penas podía contener la risa. Yo tenía la camisa empapada en sudor. Fin de trayecto. Nos hemos despedido con una fugaz sonrisa.
(Continuará)
Entró, majestuosa y sensual, por la primera puerta, miró a cada lado y, cuando me vio, vino directamente hacia mí. Bueno, hacia la butaca vacía adjunta. No esperaba esa puesta en escena, por lo que me ha pillado completamente descolocado (y desparrancado ocupando media butaca vacía). Me ha lanzado una mirada inquisitiva ("¿puedo sentarme?¿puedes hacerme tuya?¿por qué no me entras de una puta vez?" -seguro que la opción A-)) y he retirado mi pierna mientras he murmurado sonriendo "Ah, sí. Hola...".
Un gran paso para dunker, puta mierda para la humanidad.
Con una sonrisa deliciosa como toda respuesta, ha acomodado Su bien torneado culo a escasos centímetros de mi codo.
Arfs.
No se trataba de los asientos pareados, sino de las hileras de tres butacas escamoteables en sentido longitudinal. Los pobres que montamos en tren conocemos bien las posibilidades de rozamientos involuntarios (o no) que ofrece esta disposición ante las acciones de aceleración y desacelaración del convoy. Así que Su codo y, ocasionalmente Su muslo, han entrando en contacto con mi cuerpo.
Y me he venido arriba.
He provocado una situación que he pensado durante días. En el tren, voy leyendo y escuchando música. Como ya he comentado, no parece que Heia sea muy lectora, al menos durante el trayecto. Así que decidí jugármela con la música. Pero ha sido una decisión difícil; ya he comentado que tiene pinta de indie, por lo que deseché la lista comercial (que llevo para emergencias de estreñimiento) y la lista punk (Letrinas rebosantes y Mus de Pus, esos artistas tan poco reconocidos). Escuchar NajwaJean era demasiado evidente, por lo que me tiré hacia mis queridos Planetas, que nunca me han abandonado en mis largas noches de soledad y acné. Esa era la banda sonora. Pero el movimiento mágico para captar su atención era sacar el iPod y pasar de canción. Ese gesto no podía pasar desapercibido, ni la carátula y canción que iba a poder ver perfectamente. Podría dar lugar a una conversación o, simplemente, ver que voy de su palo (minipunto para dunker).
Así pues, me he lanzado y he sacado el iPod del bolsillo, y... Se me ha enganchado el jack con el pantalón, pero con dos tirones secos he podido desatascarlo. Y arrancar el jack de su hembra, también. En ese momento, he tenido que utilizar las dos manos, una para sacar el iPod y la otra para conectar nuevamente los auriculares. He comenzado a sudar. Con las manos húmedas se maneja muy mal la cubierta metálica del reproductor, pero eso no ha sido lo peor. Me temblaban los dedos. Acertar en una pantalla táctil en los botoncitos precisos no es una tarea fácil para alguien como yo, que tiene los dedos como morcillas de Burgos. Temblando es prácticamente imposible pulsar la tecla correcta. Por eso en lugar de pasar de canción he salido al menú inicial. Presa del pánico, al intentar volver a la música he pinchado el Safari y se ha abierto una página pornográfica. Crisis. Me he recompuesto un poco y no sé muy bien cómo pero he podido volver a la música. Más tranquilo ante la vista de la portada del Super 8, con "Rey Sombra", he pasado de canción y la pantalla ha cambiado a "La máquina de escribir", una canción que habla sobre una felación. Argh. Con el susto se me ha caído el iPod al suelo. No todo podía ser malo, tengo configurado que también cambie de canción agitando el reproductor. Lo he recogido del suelo y ahora sonaba "Un buen día". El sarcasmo de Dios comienza a ser irritante.
Heia se estaba mordiendo el labio inferior, lágrimas brillaban en sus ojos: a duras penas podía contener la risa. Yo tenía la camisa empapada en sudor. Fin de trayecto. Nos hemos despedido con una fugaz sonrisa.
(Continuará)

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