Diario de una relación inexistente: día 7

Si no das un paso al frente, por lo menos no recules.

Cada día se está convirtiendo en un festival de la ilusión, en una rutina llena de interrogantes. ¿Dónde me siento hoy?¿Qué hará Heia?¿Seré capaz de avanzar en nuestra relación? Dando vueltas en la cabeza a estas cuestiones mientras esperaba el tren, ha pasado frente a mí la ex-miss. He de reconocer el Humor que se gastan la/s entidad/es todopoderosa/s. Llevaba una bolsa de Zara. Ya sentado en el vagón (la zona trasera estaba llena, he vuelto al mismo sitio de ayer), mientras esperaba con palpitaciones Su parada, he estado pensando en la ex-miss. A su vida profesional me refiero. Qué triste tiene que ser pasearse ante media España en bañador, colocando un pie delante de otro, a un paso del reconocimiento social, para acabar plegando ropa continuamente. Me apunto su sentimiento de frustración como piedra angular del Plan B, por si falla lo de Heia.

En Su parada, se ha repetido la misma historia de ayer: se han vaciado varios asientos. Pero Heia ha entrado con paso firme a mi zona. Ya no sé cómo interpretarlo. Ha paseado la mirada, barriendo el vagón como un faro, hasta que ha localizado un asiento libre. Por desgracia, no a mi lado (dos imbéciles muy feos se han adelantado).

Poco a poco, según avanzaba el trayecto, se ha ido vaciando el vagón, consiguiendo un ángulo de reflejos en las ventanillas muy favorable que me ha permitido estudiar su comportamiento. Profusamente maquillada, lee revistas con desgana pero ni levanta la vista, despreciando a sus compañeros de viaje circunstanciales. Sonrío para mí porque cuando se sienta a mi lado sí me mira. Triunfo moral, ascensos y medallas para todos.

Fin de trayecto. Me he despistado leyendo; "Ruido de fondo" se está poniendo interesante (por fin), parece que ha habido un escape de un gas tóxico que genera bultos en las ratas. Guardo el libro y... de nuevo, en la puerta, cara a cara.

Ojos que dicen: ¿Te importaría haserme tuya despasito?
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Ojos que dicen: ...
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Ha bajado la mirada. Pero no ha borrado la media sonrisa que ilumina mis mañanas... Y mis poluciones nocturnas.

Me he alejado, con el culo de la ex-miss de zanahoria (escena no exenta de ironía; Dios sería un buen compañero de cañas), pensando en que he desaprovechado una buena ocasión no articulando palabra. Pero también, que podría haberla cagado de una de las miles de formas (voluntarias e involuntarias) que han generado el desprecio sexual femenino a lo largo de mi vida.

Por eso, el balance se puede definir como nulo, o incluso, ligeramente positivo. Empiezo a darme asco.


(Continuará)



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