Diario de una relación inexistente: día 6

Dios existe y es malo. Pero tiene sus momentos.

Como decíamos ayer, hoy estaba colocado en buena posición para entrar en el vagón y sentarme donde últimamente Heia se coloca. He tenido que hacer valer mi envergadura y kilos, pero ahí estaba yo, milimétricamente estacionado frente al lugar donde quedan las puertas cuando para el tren.

Lamentablemente, en toda la zona trasera del vagón solo había un sitio libre y he tenido que reflexionar en cuestión de dos segundos dónde posaba mi culo. Al final, me he alejado un poco de esa zona y he elegido un par de butacas que estaban solas, deslizándome hacia la ventanilla para que el espacio libre y mi presencia invitasen a compartir trayecto (y lo que surja) conmigo.

Entonces llegó la negación de fe. En Su parada, se han bajado tres personas precisamente del fondo del vagón; Heia ha entrado directamente a los asientos libres dejándome con una expresión desencajada y profiriendo, para mí, insultos a Dios en sus diversas manifestaciones.

No han sonado trompetas, ni he visto el dragón de siete colas, pero me ha dado la sensación de que algo me quería dar una lección: tan preocupado estaba en observar nuevamente Su nuca, que no he percibido (o es que ha aparecido de la nada ante mis blasfemias) una ex-miss, que he reconocido un instante después de que se sentara a mi lado.

Hace años, cuando era un poquito menos asocial (pero seguía siendo un perdedor nato), quedaba con amigos imaginarios para ver la gala de Miss Estado Español y hacíamos quinielas. Bien, pues esta era mi favorita en una de aquellas ediciones, recordaba a la perfección su porte, su mirada penetrante y sus tetacas bien puestas. No ganó, pero llegó a la criba final. Y el tiempo ha moldeado meticulosamente sus caderas hasta lograr unos radios de curvatura de quitarse el sombrero.

En ese momento, me he dado cuenta de que me han puesto a prueba. Pero soy fiel a Heia. Huelga decir que no ha habido conversación con la ex-miss, aunque me ha rozado la pierna con la suya al sentarse (no he eyaculado por poco).

Al llegar al final del trayecto me estaba felicitando mentalmente por no haber sucumbido a la tentación. Dudaba de que la ex-miss confundiera mi indiferencia exterior con mi pose de pillador pasivo, que tanto utilizo y tan pocos resultados me da en general. No acaba de comenzar el himno en mi honor que siempre resuena en mi cabeza para autofelicitarme (La Fanfarria Olímpica de John Williams) cuando me he quedado cara a cara con Heia. Un sudor frío denso me ha cubierto de pies a cabeza, como un tsunami. ¡Y me ha sonreído ligeramente!!! Mi cara a cobrado vida propia y se ha deformado como un plástico expuesto al fuego directo.

Pero no ha apartado la mirada.

Ni ha vomitado.

Cuando me alejaba, aún tembloroso, he repasado la secuencia de acontecimientos y he concluido que todo se ha tratado de una manifestación divina: negación, tentación, no caer en ella, volver a los brazos de la fe y recompensa. Con cuatro palabras más, intercaladas, se han construido decenas de religiones.

El primer paso se ha dado, el contacto visual ha sido claro, el hielo está roto.

(Continuará)


2 comentarios:

Rafa dijo...

No te conozco, lo primero. He llegado aquí de rebote. Esto mola, y también me ha pasado, lo del metro. Yo lo intenté un par de veces y aunque llegué más lejos de lo que esperaba de un fracasado como yo (conseguí nº de tlf y mail, respectivamente) no me salió bien (ambas acabaron por no volver a contestar tras unos pocos mensajes). Pero algún día volveremos a coincidir y disfrutaré con la cara de pánico tipo "mierda he tenido que coincidir otra vez con el gilipollas este".

Bueno, sólo quería decirte, échale huevos tío, tienes mi apoyo.

dunker dijo...

Solo por que pongan esa cara habrá valido la pena.

Me alegra que te guste la historia.

¡Gracias por tu apoyo!