Diario de una relación inexistente: día 12 (y 2)
19:22. Llamada perdida y bajo. Busco con la mirada luces de emergencia. Solo veo aparcado en doble fila un tres puertas, gris, Renault, 5; es Su R5. Tócate los cojones. Otro clasicazo.
Hola. "Hola". Flexiono mi cuerpo hasta un ángulo inverosímil para poder entrar. Puedes echar el asiento para atrás. "Buf. Mejor sería desmontar el asiento y sentarme atrás, con mis piernas en el lugar del copiloto". Se ríe; yo lo decía completamente en serio.
Arrancamos. Cinco minutos de conversación intrascendente (Heia) y de minuciosa observación científica de Su cuerpo (yo). (...) ¿O no?. "¡Claro que no!". ¿Cómo que claro que no?. Me he vuelto a despistar. "Digo sí, por supuesto que...". Heia da un volantazo. Se oye un golpe sordo en el coche: he pegado con la cabeza en el cristal de la ventanilla; duele, pero no sangro. ¿Qué le pasa a ese?. Un Suzuki Vitara está haciendo eses, en uno de los zigzags casi nos lleva por delante; ahora se dirige hacia el arcén. Lo supera, marcha recto hacia la berma. Mete una rueda en la cuneta triangular tipo CL-1.5 y en ese momento decide contravolantear. Vuelca, claro. Sale volando el techo solar. Da varias vueltas de campana y desaparece de la vista. Como en una película de acción. Solo que no explota.
Heia reacciona y paramos en el arcén (a unos 50 metros), para socorrer al accidentado. Está lloviendo y son menos cuarto (estamos a menos de 5 minutos del cine). A tomar por el culo la película. Nunca he visto un cadáver, pienso mientras me acerco. ¿Se le verán las tripas? Tampoco he visto nunca tripas. De humano. En vivo.
Llegamos al lugar del accidente, veo que algún coche más está parando junto al nuestro, para ayudar. El Suzuki yace boca abajo entre zarzas, dos ruedas aún están girando. En la radio suenan los Blacaipis. Meto la cabeza en el coche y está vacío. Quito las llaves del contacto. Bien hecho. "A mí también me tocan los huevos los putos Blacaipis". Lo decía porque está bien quitar el contacto por si salta alguna chispa. "También, también. Dentro no hay nadie. Voy a mirar entre las zarzas, aunque no se ve ni hostias."
Finalmente, andando entre las zarzas y la oscuridad como un astronauta, localizo un tipo hecho un guiñapo, entre la maleza. Su postura me recuerda a la habitual de Sete Gibernau. ¡No lo muevas!. "No pensaba hacerlo". Voy a llamar a emergencias. Me acerco lo suficiente para arañarme con los putos bardales en las manos, y para intentar tomar el pulso. Tiene el cuello envuelto en zarzas. Y los brazos y las piernas. Pero está vivo. Y huele a vino que tira para atrás.
"¿Lo hueles o me parece a mí...?. ¡Joder con el borrachuzo, casi nos lleva por delante!. Heia está de mala hostia. No es para menos. La exclamación de Heia hace recobrar el conocimiento al borracho. Gruñe, pero quiere levantarse. Ayudo al tipo a incorporarse y a quitarse las zarzas. Sangra por muchos sitios por los arañazos. Evidentemente, no llevaba el cinturón de seguridad. Su aliento huele a pez. Tiene un ligero parecido a Chris Peterson. "¿Qué tal estás? ¿Te duele algo?" ¿Quieres que llamemos a alguien?. Chris Peterson parece que se recobra lo suficiente como para respondernos:
- Esshtoy bienh, coño. Nos pongáish melancólicoh...
Estupefacción no es la palabra que refleja exactamente nuestra reacción, pero se podría aplicar. Y también, cabreo. Heia y yo nos miramos. Deja tirado a este subnormal. Sonrío, me gusta cómo suena la palabra subnormal en Su boca. Sigo sujetando a Chris Peterson por un brazo. Veo luces y sirenas, llega la caballería. De repente, veo que su brazo (el de Chris Peterson) se afloja. Miro hacia él y veo que su rodilla ha girado 90º en sentido antihorario, deformando grotescamente sus pantalones.
- Ay, me dueleh la pienna.
"Jódete". Llega hasta nosotros el personal médico y la guardia civil, que se hace cargo de la situación. Han detectado el olor, también se ponen de mala hostia. Nos alejamos y oímos a Chris Peterson decir:
- No, si yo no condusíah. Condusíah mi amigo. Íbamos los tre juntos.
Tengo que agarrar a Heia por la cintura porque iba a arrancar los ojos a Chris. Me excito con su contacto y tengo una erección. Damos numerosas explicaciones a los picoletos y, finalmente, nos vamos. Parece que Chris tiene la rodilla rota y ha hecho una gran marca: 1.25 mg/l en aire. Son las 20:50.
No estamos muy animados con todo el incidente, por lo que tomamos un café y nos vamos a casa. No sé muy bien cómo proceder, pero Heia sí: me lame el cuello y me soba el pecho. Fanfarria Olímpica. Yo, presa del pánico y la inexperiencia, intento hacer lo contrario (lamer Su pecho y acariciar Su cuello) y Heia se ríe. No entiendo su humor. Pero me besa. Tengo una sensación similar a cuando estoy asomado al balcón y veo a un pájaro que pasa volando muy cerca. Mañana hablamos; ya te llamo yo. No trabajo a primera hora. Es una despedida en toda regla. "Ehumarble, cof, ¡vale!". Cuando finalizo las maniobras de salida del R5, Heia me dice: Haz algo con eso, que llevas una hora así y se te puede pudrir. Y me mira la entrepierna. Se marcha sonriendo. Subo corriendo las escaleras pero no me da tiempo y obedezco sus últimas palabras en la escalera. En concreto, en el tirador de la puerta de una vecina que está bastante buena.
Luego, siento remordimientos por esa pequeña infidelidad y me masturbo en casa pensando en Heia.
(Continuará)
Hola. "Hola". Flexiono mi cuerpo hasta un ángulo inverosímil para poder entrar. Puedes echar el asiento para atrás. "Buf. Mejor sería desmontar el asiento y sentarme atrás, con mis piernas en el lugar del copiloto". Se ríe; yo lo decía completamente en serio.
Arrancamos. Cinco minutos de conversación intrascendente (Heia) y de minuciosa observación científica de Su cuerpo (yo). (...) ¿O no?. "¡Claro que no!". ¿Cómo que claro que no?. Me he vuelto a despistar. "Digo sí, por supuesto que...". Heia da un volantazo. Se oye un golpe sordo en el coche: he pegado con la cabeza en el cristal de la ventanilla; duele, pero no sangro. ¿Qué le pasa a ese?. Un Suzuki Vitara está haciendo eses, en uno de los zigzags casi nos lleva por delante; ahora se dirige hacia el arcén. Lo supera, marcha recto hacia la berma. Mete una rueda en la cuneta triangular tipo CL-1.5 y en ese momento decide contravolantear. Vuelca, claro. Sale volando el techo solar. Da varias vueltas de campana y desaparece de la vista. Como en una película de acción. Solo que no explota.
Heia reacciona y paramos en el arcén (a unos 50 metros), para socorrer al accidentado. Está lloviendo y son menos cuarto (estamos a menos de 5 minutos del cine). A tomar por el culo la película. Nunca he visto un cadáver, pienso mientras me acerco. ¿Se le verán las tripas? Tampoco he visto nunca tripas. De humano. En vivo.
Llegamos al lugar del accidente, veo que algún coche más está parando junto al nuestro, para ayudar. El Suzuki yace boca abajo entre zarzas, dos ruedas aún están girando. En la radio suenan los Blacaipis. Meto la cabeza en el coche y está vacío. Quito las llaves del contacto. Bien hecho. "A mí también me tocan los huevos los putos Blacaipis". Lo decía porque está bien quitar el contacto por si salta alguna chispa. "También, también. Dentro no hay nadie. Voy a mirar entre las zarzas, aunque no se ve ni hostias."
Finalmente, andando entre las zarzas y la oscuridad como un astronauta, localizo un tipo hecho un guiñapo, entre la maleza. Su postura me recuerda a la habitual de Sete Gibernau. ¡No lo muevas!. "No pensaba hacerlo". Voy a llamar a emergencias. Me acerco lo suficiente para arañarme con los putos bardales en las manos, y para intentar tomar el pulso. Tiene el cuello envuelto en zarzas. Y los brazos y las piernas. Pero está vivo. Y huele a vino que tira para atrás.
"¿Lo hueles o me parece a mí...?. ¡Joder con el borrachuzo, casi nos lleva por delante!. Heia está de mala hostia. No es para menos. La exclamación de Heia hace recobrar el conocimiento al borracho. Gruñe, pero quiere levantarse. Ayudo al tipo a incorporarse y a quitarse las zarzas. Sangra por muchos sitios por los arañazos. Evidentemente, no llevaba el cinturón de seguridad. Su aliento huele a pez. Tiene un ligero parecido a Chris Peterson. "¿Qué tal estás? ¿Te duele algo?" ¿Quieres que llamemos a alguien?. Chris Peterson parece que se recobra lo suficiente como para respondernos:
- Esshtoy bienh, coño. Nos pongáish melancólicoh...
Estupefacción no es la palabra que refleja exactamente nuestra reacción, pero se podría aplicar. Y también, cabreo. Heia y yo nos miramos. Deja tirado a este subnormal. Sonrío, me gusta cómo suena la palabra subnormal en Su boca. Sigo sujetando a Chris Peterson por un brazo. Veo luces y sirenas, llega la caballería. De repente, veo que su brazo (el de Chris Peterson) se afloja. Miro hacia él y veo que su rodilla ha girado 90º en sentido antihorario, deformando grotescamente sus pantalones.
- Ay, me dueleh la pienna.
"Jódete". Llega hasta nosotros el personal médico y la guardia civil, que se hace cargo de la situación. Han detectado el olor, también se ponen de mala hostia. Nos alejamos y oímos a Chris Peterson decir:
- No, si yo no condusíah. Condusíah mi amigo. Íbamos los tre juntos.
Tengo que agarrar a Heia por la cintura porque iba a arrancar los ojos a Chris. Me excito con su contacto y tengo una erección. Damos numerosas explicaciones a los picoletos y, finalmente, nos vamos. Parece que Chris tiene la rodilla rota y ha hecho una gran marca: 1.25 mg/l en aire. Son las 20:50.
No estamos muy animados con todo el incidente, por lo que tomamos un café y nos vamos a casa. No sé muy bien cómo proceder, pero Heia sí: me lame el cuello y me soba el pecho. Fanfarria Olímpica. Yo, presa del pánico y la inexperiencia, intento hacer lo contrario (lamer Su pecho y acariciar Su cuello) y Heia se ríe. No entiendo su humor. Pero me besa. Tengo una sensación similar a cuando estoy asomado al balcón y veo a un pájaro que pasa volando muy cerca. Mañana hablamos; ya te llamo yo. No trabajo a primera hora. Es una despedida en toda regla. "Ehumarble, cof, ¡vale!". Cuando finalizo las maniobras de salida del R5, Heia me dice: Haz algo con eso, que llevas una hora así y se te puede pudrir. Y me mira la entrepierna. Se marcha sonriendo. Subo corriendo las escaleras pero no me da tiempo y obedezco sus últimas palabras en la escalera. En concreto, en el tirador de la puerta de una vecina que está bastante buena.
Luego, siento remordimientos por esa pequeña infidelidad y me masturbo en casa pensando en Heia.
(Continuará)

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