Diario de una relación inexistente: día 18
Llega mi tren. Tomo asiento junto a una chica que suele tomar el mismo coche. Me doy cuenta de que aparta su mirada, nerviosa, cuando miro hacia ella. Sonrío para mí. A punto de cerrarse las puertas, entra la exmiss y se sienta frente a la chica, que sigue ruborizada. La ex-miss parece que vive continuamente bajo el obturador de un fotógrafo insatisfecho. Me centro en la lectura, "Los confines" trata sobre la justificación del amor por encima de todo, de los lazos sociales preestablecidos, de los tabúes, de la felicidad.
Es Su parada; Heia entra. Voluntariamente se dirige hacia mi zona y se sienta delante de mí. Tiene la misma mirada que la última vez que la vi, en su casa, tras despreciarme, tras humillarme, tras escupirme metafóricamente a la cara. La observo con tristeza. Y deseo: sé que sabe que la ropa que se ha puesto me excita, quiere provocarme. Bajo la mirada y sigo leyendo. Los protagonistas se acuestan por primera vez, y por segunda, y por tercera. Desde que inician su relación sexual pasan horas hasta que dialogan, solo disfrutan de sus cuerpos, es su deseo el que habla. Levanto un poco la vista. La ex-miss está escribiendo un SMS o un email; la chica de mi lado me estaba mirando en el reflejo de la ventana; Heia estudia a un tipo que está sentado un par de butacas más allá.
El deseo fugaz, el inicio del deseo, la muerte del deseo. Piezas del mismo Lego, muñecos del mismo juguete, figuritas que observar. En mi iPod suena "Ya no me asomo a la reja". Siento dos gruesas lágrimas resbalando por mis mejillas.
Fin de trayecto.
Es Su parada; Heia entra. Voluntariamente se dirige hacia mi zona y se sienta delante de mí. Tiene la misma mirada que la última vez que la vi, en su casa, tras despreciarme, tras humillarme, tras escupirme metafóricamente a la cara. La observo con tristeza. Y deseo: sé que sabe que la ropa que se ha puesto me excita, quiere provocarme. Bajo la mirada y sigo leyendo. Los protagonistas se acuestan por primera vez, y por segunda, y por tercera. Desde que inician su relación sexual pasan horas hasta que dialogan, solo disfrutan de sus cuerpos, es su deseo el que habla. Levanto un poco la vista. La ex-miss está escribiendo un SMS o un email; la chica de mi lado me estaba mirando en el reflejo de la ventana; Heia estudia a un tipo que está sentado un par de butacas más allá.
El deseo fugaz, el inicio del deseo, la muerte del deseo. Piezas del mismo Lego, muñecos del mismo juguete, figuritas que observar. En mi iPod suena "Ya no me asomo a la reja". Siento dos gruesas lágrimas resbalando por mis mejillas.
Fin de trayecto.

2 comentarios:
Oye jefe, que al final no te dije nada... me encantó esta historia, si algún día llega el AVE a Cantabria espero que hagas un remake ;) Nah, fuera coñas, esperaba cada día para leerlo aunque no dijera nada, ahora hay un poco de vacío por aquí. Buscaré una ballena para rellenarlo.
Gracias, gracias. Cualquier halago es siempre bien recibido. Incluso si viene de Santoña.
Heia ha dejado huella en mí, pero espero que el hueco que he dejado yo en ella... ehm... hum. Qué mal ha sonado.
Como dices que esto está parado, corto y pego un relato breve en tres cachitos que creo que te va a gustar porque trata tangencialmente de baloncesto.
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